Sin límite de tiempo

La leyenda de la lucha libre de nuestro país llega a las páginas de El Gráfico con la columna de El Hijo del Santo; búscala todos los viernes
El Hijo del Santo
15/08/2014 - 20:12
Como hombre y como profesional hoy inicio  una nueva aventura. Hoy confirmo una vez más que la vida está llena de oportunidades y que siempre que algo llega a su fin es porque Dios tiene preparado algo nuevo para nosotros.
 
Es un verdadero placer darles  la más cordial  bienvenida  y  les agradezco,  estimados lectores del periódico El Gráfico,  me permitan compartir con ustedes esta nueva sección de “Hablemos sin Máscaras” que aparecerá todos los viernes.
 
 Además de ser luchador profesional, tengo una licenciatura en Ciencias de la Comunicación, pero esto es lo  menos importante,  lo que quiero decirles es que escribo siempre desde mi corazón, con la verdad en la mano y sin máscaras. 
 
Compartiré con ustedes anécdotas de todo tipo, recuerdos y experiencias vividas con mi padre,  con  luchadores de antaño y también con los de hoy.  Recuerdos y experiencias vividas  con muchos de mis amigos  que son personalidades del ambiente artístico, político y cultural.  Les compartiré historias de personas anónimas que he conocido a lo largo de mis casi 32 años de carrera profesional y con quienes he vivido muchas experiencias que me han dejado huella, cosas que sólo a ustedes les contaré.
 
Ahora la tecnología está muy avanzada, me he ido adaptando y, eventualmente, utilizaré un poco de ella para compartir, a través de código QR, videos que enriquecerán los temas que les ofreceré cada semana. Muchos de ustedes cuentan con celular y tienen forma de bajar una sencilla aplicación que es  gratuita y así poder abrir este código. 
 
En esta nueva aventura están todos invitados, ya que mi mayor deseo es que me lean y que interactúen conmigo a través de “El Buzón de Plata”: [email protected]. Ahí ustedes podrán enviarme sus experiencias o historias que quieran compartir conmigo y  los lectores.
 
Un claro ejemplo de esto es lo que me sucedió hace unas semanas cuando de pronto... sonó mi teléfono celular y como vi un número desconocido decidí no contestar; sin embargo, el timbre insistió e insistió, así que  finalmente contesté.
 
— ¡Sí, bueno!
 
—¿Hablo con El Hijo del Santo?
 
—Sí, ¿quién le llama?
 
—Jesús Francisco Flores, el joven
 terremoto.
 
—¿En qué te puedo servir, Jesús?—, le conteste amablemente.
 
—¡Santo! Usted me ayudó cuando yo tenía 5 años de edad. Fui uno de los bebés que sobrevivieron al terremoto de la Ciudad de México en 1985, entonces yo era un recién nacido. En 1990, en la estación de radio XEW, el señor Nino Canún hizo un programa especial para ayudar a los niños del terremoto y entonces ahí lo conocí, (yo estaba escuchando muy atento al teléfono). Ahí subastó una de sus máscaras y gracias a ese dinero que le dio usted a mi abuela  logré iniciar mis estudios en el kínder y después en la primaria. Hoy soy licenciado y tengo un puesto importante, sólo quería darle las gracias y pedirle un día platicar con usted.
 
—¿Tienes familia?—, le pregunté muy  intrigado.
 
—Solamente a mi abuelita, Santo,  y vivo con ella. Sólo quiero ponerme a sus órdenes y en lo que lo pueda servir lo haré con muchísimo gusto. Le estoy muy agradecido. 
 
Cuando este joven inició su relato lo escuché con mucha atención y debo confesarles, hablando sin máscaras, que poco a poco en mi interior percibí una enorme emoción. Mi corazón sintió una enorme gratitud hacia Dios y hacia la vida por el hecho de haber recordado este bello momento que quizás yo ya había olvidado, y no porque careciera de importancia, no, sino porque cuando he  ayudado a las personas no esperando nada a cambio, sólo queda en mí la enorme satisfacción de haber hecho algo bueno por alguien más. ¿Ustedes se pueden imaginar lo que yo sentí cuando este joven, que hoy tiene 27 años de edad, me compartió esta historia? Sencillamente se me hizo un nudo en la garganta y no pude contener el llanto.
 
No es la primera vez que ésto me sucede, ya les iré platicando historias todos los viernes. Así que los invito a que me escriban a mi correo y de todos sus mensajes elegiré alguno para cada semana darles una breve respuesta.
 
No quiero dejar de agradecer a Dios por abrirme siempre el camino;  a mi  bella productora, Gabriela Obregón,  por el incondicional y total apoyo que con tanto amor me ha brindado siempre, y   a mi amigo Iván Pirrón,  quien  tiene mucho que ver en este nuevo proyecto. Agradezco al periódico El Gráfico y a su directora María Félix, mujer incansable, aguerrida y trabajadora, por brindarme este espacio para estar en contacto con ustedes y por permitirme ser parte de su valioso equipo, pero sobre todo, agradezco de corazón a ustedes por acercarse a mí para saludarme, pedirme un autógrafo o tomarse una fotografía, como sucedió el pasado jueves cuando salí de las instalaciones de los periódicos EL UNIVERSAL y El Gráfico y caminar por las calles de Paseo de la Reforma y Av. Hidalgo. Nos leemos la próxima semana para que hablemos sin máscaras.

 

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