El Hijo del Santo: Prevalecen sus obras

El Hijo del Santo recuerda el día en que su papá se quitó la máscara ante Jacobo Zabludovsky
El Hijo del Santo
10/07/2015 - 05:30
Regularmente al morir, a los personajes importantes se les recuerda por sus logros, éxitos y por las muchas historias que los rodean.
 
Tal es el caso del licenciado Jacobo Zabludovsky, fallecido recientemente y quien tuvo en vida la oportunidad de entrevistar a grandes personajes de la historia del mundo, desde  Salvador Dalí, Fidel
Castro, Pelé y  María Félix, hasta presidentes, Papas y reyes. 
 
Uno de los personajes mexicanos con quien el licenciado Zabludovsky tuvo mucho que ver fue con El Santo y cuentan que mi padre mostró su rostro porque presentía su muerte.
 
Sin embargo,  la verdadera historia de cuando mi padre por primera vez levantó su tapa hasta la altura de los ojos no fue en Contrapunto. 
 
Según la leyenda urbana que envolvía a El Enmascarado de  Plata, se decía que él moriría el día en que se quitara la máscara en público.  
 
De ser cierto esto, mi padre hubiera muerto en agosto de 1982 cuando mostró por vez primera parte de su rostro en la televisión mexicana.
 
Es importante aclarar que nunca se la quitó,  únicamente se la levantó, acto muy distinto,  y fue en el programa matutino Hoy Mismo,  conducido por el excelente periodista Guillermo Ochoa. 
 
En esa ocasión mi padre estaba anunciando las tres funciones de despedida de su retiro profesional de los cuadriláteros. 
 
Durante la entrevista, Guillermo Ochoa cuestionó a mi padre sobre permanecer enmascarado aún estando retirado y mi padre respondió rotundamente que se llevaría su máscara hasta la tumba. 
 
Entonces, sin que nadie se lo pidiera y para demostrar que no estaba viejo, acabado y mucho menos lleno de cicatrices como mucha gente afirmaba entonces, hizo algo que a propios y extraños nos dejó boquiabiertos: decidió mostrar, por escasos tres segundos, su rostro frente a las cámaras de televisión.
 
Memo Ochoa festejó la acción y mencionó  que por respeto a El Santo jamás congelaría la imagen. Mi padre ni siquiera había pensado en esa posibilidad,  si no ni lo hubiera hecho, ya que si su rostro iba a ser conocido por el público  tendría que ser perdiendo la máscara sobre el ring.  Finalmente, se dieron un fraternal abrazo y el asunto no pasó a mayores. 
 
Un año después (1983), en  el programa nocturno En Vivo, mi papá mostró el rostro por segunda vez en televisión. Ricardo Rocha nos entrevistó a los dos, ya que mi padre me estaba presentando públicamente como su sucesor y, de pronto, a media entrevista y manejando el mismo argumento de que no era un hombre acabado ni ésa la razón de su retiro, se levantó inesperadamente la máscara. 
 
Nuestro anfitrión no daba crédito a lo que estaba viendo y aplaudió el gesto de confianza que tuvo El Santo al mostrar —sólo por breves segundos— parte de su rostro ante las cámaras y el público de su programa. Rocha no repitió la imagen y mucho menos la congeló, logrando que mi papá también se sintiera satisfecho y agradecido con él.
 
Fue a finales del mes de enero de 1984 cuando El Santo,  por tercera vez,   mostró  su rostro en el programa Contrapunto conducido por  Jacobo Zabludovsky,  dentro del polémico tema  “La lucha libre, circo, maroma, teatro o deporte”. Esa noche mi papá se levantó la máscara como lo había hecho con anterioridad. Una fue cuando Wolf Rubinskis mencionó que El Santo tenía cara de académico y que por tal razón sus compañeros le llamaban “profesor” (otro mito), pues la verdadera razón por la que a mi padre le llamaban así era por su larga y brillante trayectoria luchística,  pero sobre todo por el cariño y respeto que sentía su gremio hacia él. 
 
Hasta ese momento, este hecho no había tenido ninguna consecuencia  como había sucedido con Guillermo Ochoa y Ricardo Rocha;  sin embargo,  el licenciado Jacobo Zabludovsky no pensaba igual que sus colegas y mostró parte del rostro de El Santo congelado en los titulares del noticiario 24 Horas: “¡El Santo se quitó la máscara y hoy daremos a conocer su rostro!” 
 
Pienso que ni mi papá supo por qué sucedió esto después de conservar por tantos años su anonimato. Tal vez fue una necesidad interna de que el público conociera al hombre que portó por tantos años la máscara plateada, quizá un  presentimiento o simplemente fue un acto ingenuo de su parte.
 
Lo que es un hecho es que Rodolfo Guzmán hizo el coraje de su vida y estaba sumamente decepcionado por esta situación que finalmente él mismo no calculó. Nos leemos la próxima semana para que hablemos sin máscaras.

 

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