El Hijo del Santo: “Todos vamos a morir”

2015 fue un año triste para nuestro gremio, pues fallecieron grandes luchadores y mejores amigos
El Hijo del Santo
08/01/2016 - 06:00
Estimados amigos de El Gráfico: Un año inicia e inevitablemente pienso en algo que es inminente: la muerte. Sé que es muy pronto para estos temas y que debería estar escribiendo sobre qué les trajeron los Santos Reyes, de planes o cosas así, pero no. Hoy quiero recordar a mis queridos compañeros y promotores que se nos adelantaron en 2015. 
 
Cada uno de ellos, de alguna manera, tuvo una relación muy cercana a mi padre o a mí, ya sea sobre el ring o como empresarios. Uno de los primeros luchadores que falleció a inicios del año pasado fue el Agente X, quien realmente se llamaba Ángel Umaña, quien en la década de los años 50 perdió la máscara contra El Santo. 
 
Le siguió un joven que tenía un gran futuro dentro de la lucha libre y falleció a la edad de 35 años, me refiero a Pedro Aguayo Jr., quien fue un digno sucesor de don Pedro ‘El Perro’ Aguayo. Después nos enteramos del fallecimiento de El Verdugo, hermano del Hombre Bala y de el Pirata Morgan. 
 
En el mes de abril, Andrés Rodolfo Reyna Torres, nuestro querido exótico Rudy Reyna, falleció a la edad de 69 años y ese mismo día murió Módulo, un excelente luchador con quien brindé, en mis inicios, una de las mejores luchas a ras de lona al defender ante él el campeonato mundial de peso ligero UWA. 
 
También se nos adelantaron promotores y mejores amigos, como don Carlos Maynés, un experimentado y exitoso empresario que por muchos años manejó el Toreo de Cuatro Caminos, la Arena Querétaro y la Arena Neza, cosos tradicionales de este deporte. 
 
A él le siguió otro querido amigo y promotor de Mérida, el doctor José Luis Ordaz. 
 
A finales de noviembre, a los 71 años, dejó de existir Raúl García Salazar, El Bello Greco, un excelente luchador y mejor persona. 
 
Este hombre fue muy cercano a mi padre, pues no sólo fue su rival en infinidad de luchas realizadas en México, sino también en Sudamérica. Era tal la convivencia entre ambos, que mi padre lo invitó a participar en muchas de sus películas. 
 
Yo era un niño cuando lo conocí y sólo tengo gratos recuerdos de él y de otros luchadores contemporáneos, como Goliath Ayala y don Ismael Ramírez, con quienes platicaba de mis sueños de convertirme en luchador y con quienes jugaba luchitas. Años después, cuando cumplí mi sueño y me convertí en luchador profesional, me enfrenté en muchas ocasiones a la pareja de exóticos integrada por El Bello Greco y Sergio el Hermoso. 
 
Finalmente, quien cerró esta lamentable cantidad de decesos y nos impactó con su muerte súbita a mediados del mes de diciembre fue nuestro querido y admirado Lizmark. Uno de los luchadores que más me impactaron en mi vida profesional, por su técnica y estilo aéreo, cuando yo apenas era aficionado. 
 
Él se convirtió en uno de mis grandes ídolos. Recuerdo muy bien que mi padre me había regalado una cámara Súper 8 para filmar y dejar un testimonio de sus diferentes luchas. Cada vez que lo filmaba, El Santo me daba dinero para comprar los rollos y después mandarlos revelar. 
 
En esos años de 1978-1980, Lizmark era uno de sus mejores compañeros y cuando mi padre veía las películas se sorprendía y me decía: “¿Qué paso, mano? Solamente salgo unos segundos en las películas que filmas y el que aparece todo el tiempo es este muchacho Lizmark. Dile a él que te compre el material y pague el revelado”. 
 
Obviamente no lo decía en serio, era broma. De ese tamaño era mi admiración por el Geniecillo Azul. Esto le causaba mucha risa a Lizmark cuando yo se lo platicaba. 
 
Desde estas páginas les deseamos a todos ellos un descanso eterno y esperamos no recibir en mucho tiempo estas lamentables noticias, aunque sabemos que sólo hay algo seguro: todos nos vamos a morir. 
 
Nos leemos la próxima semana para que hablemos sin máscaras.
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