Acoso, una norma, no la excepción

Ultrajes no ocurren cuando una mujer traspasa el umbral de la adolescencia, sino desde que es una niña
Lydiette Carrión
26/04/2016 - 05:00

Después de este fin de semana, lo único que queda claro es que el que una mujer sufra de acoso o agresiones sexuales desde la infancia es la norma. No la excepción.

En el marco de la movilización nacional contra todas las violencias machistas, el domingo pasado, decenas de miles de mujeres pudieron relatar –dado que las mujeres no sufren un episodio, sino varios, múltiples acosos en la vida– su primer acoso sexual.

Aunque la necesidad de expresarse se venía gestando. El 5 de abril pasado, Lorena Abrahamson narró su historia en su perfil de Facebook: “La primera vez que un hombre abusó de mí, era yo tan chiquita que no alcanzaba el número 4 en el ascensor. Lo sé porque fue al pedirle que le apretara al botón 4 cuando me cambió ese ‘favor’ por que pasara antes a su casa por unos dulces. Eran caramelos Laposse sabor mantequilla, lo recuerdo bien, pues a mis… qué tendría, seis, siete añitos, me pareció un gesto increíble que alguien me quisiera dar de esos dulces caros y deliciosos, así nomás. El hombre vivía en el sexto piso y subí. No recuerdo mucho más, apenas la sensación de miedo que me hizo bajar corriendo por las escaleras dejando el puñito de caramelos dos pisos arriba de mi casa”.

Entonces, artistas, actrices, lanzaron la convocatoria para narrar las agresiones que han sufrido, etiquetados bajo los hashtag #noEsNormal #NoExagero. Y este fin de semana la activista y columnista  Catalina Ruiz-Navarro  lanzó la convocatoria “¿Cuándo y cómo fue tu primer acoso?”, bajo el hashtag #MiPrimerAcoso.

Así se fue decantando una historia que no es individual, sino colectiva. El acoso no surge cuando una mujer traspasa el umbral de la adolescencia. Las historias narradas (en 140 caracteres en Twitter, en algunos párrafos en Facebook) relatan agresiones ocurridas cuando ellas tenían cinco, seis, siete, nueve años de edad.

Lo que arroja este ejercicio colectivo es que en México que una niña pre púber sea acosada no es la excepción, es la norma:

“Fue a los 4 años. No recuerdo muchas cosas de mi infancia, pero ese momento por más que quiera no se borra”; “A mis 5 años don  Pepe,  conserje del squash al que iban mis papás, me invitaba a ver Los Pequeños Picapiedra y me manoseaba”; “Como 6 años. Un señor me sentó en sus piernas y metió la mano bajo mi vestido. Me quité disimuladamente porque me dio pena”.

“Todavía me duele contar #MiPrimerAcoso (¿cómo vas a traicionar a tu familia?). Cuando me vestía para salir, mi padre me veía las nalgas”; “Tenía como 8 años, iba sentada en el camión y un estúpido me pegó su miserable pene en el brazo. Iba con mi madre, no le dije”.

“Cuando era niña, un joven se masturbó con mi espalda mientras veía un espectáculo callejero en Coyoacán con mis papás”.

A las cortas edades promedio del primer acoso, se agrega otro indicador importante: la mayoría de las mujeres que han sido acosadas lo viven con vergüenza y el entorno, la gente, en vez de solidarizarse con ellas, las culpa:

“En el camión, un tipo siempre buscaba repegármela; un día me harté y le di un codazo, todo mundo me miró a mí y no a él”.

“Iba x una avenida en shorts. 4 tipos me acosaron verbalmente. Me acerqué a un policía. También me hizo un comentario obsceno”.

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