ATORA BUROCRACIA CASO DE SANDRA

Las 72 horas que se deben esperar tras una desaparición, así como la omisión de algunos datos retrasó su búsqueda
Lydiette Carrión
15/03/2016 - 05:00

Sandra Berenice  Palma Oteo, de 29 años, salió de su casa a las tres de la tarde del lunes 15 de febrero de 2016. Salió de su domicilio, en Santa Cecilia Tepetlapa, con lo puesto, su teléfono celular y su credencial del IFE, que siempre cargaba.

La última en verla fue su tía, que tiene una tienda sobre la calle. La vio caminar sobre la acera, con un pantalón de mezclilla azul claro y un suéter cerrado color negro. Iba a tomar el pesero que la dejaría en el deportivo Xochimilco y desde ahí, otro más, con dirección a Taxqueña. Pero ella se bajaría mucho antes, en el Aurrerá de Acoxpa y Miramontes. Era un trayecto relativamente seguro, lleno de gente durante el día.

Sandra no se detuvo con la tía. Sólo se despidió desde lejos.

—Hasta luego.

—Nos vemos, se habrían dicho.

Sandra iba a ver a su novio, con quien llevaba saliendo tres meses de manera formal. Él la acompañaría a una entrevista, para entrar a trabajar en una cafetería cerca del Aurrerá.

 Verónica Oteo Morales, madre de Sandra, le marcó antes de las cuatro para saber si ya había llegado, pero ella nunca respondió  el celular. Entonces marcó al novio, Marco Antonio; él dijo que Sandra no había llegado.

Preocupada, Verónica se dirigió inmediatamente al Aurrerá. No encontró ni a Sandra ni a Marco Antonio. Le marcó a este último, quien respondió que no pudo esperar por más tiempo a  Sandra, porque su mamá estaba enferma e internada en el hospital.

A la mañana siguiente, la familia se dirigió al ministerio público ahí en la delegación II de Xochimilco. No pudieron levantar el acta, ya que, alegaron los agentes, debían esperar 72 horas, ya que Sandra es mayor de edad. Finalmente, el miércoles 17 lograron que abrieran la averiguación previa en la agencia de la delegación I Xochimilco. Ahí en el ministerio público, los agentes se comprometieron a pedir las cámaras de vigilancia cercanas al Aurrerá y al deportivo Xochimilco, pero por alguna razón, sólo pidieron las que se encuentran en el deportivo, en las que fue imposible identificar a Sandra entre la gente. Debido a los tiempos, las del Aurrerá, más relevantes, se perdieron.

El 19 de febrero, a las cuatro de la tarde, Verónica recibió una llamada desde un número de celular con lada del municipio de Cuautla, Morelos. Contestó. Era Sandra. Con una voz que su madre calificó como rara, triste, dijo que ya no la buscaran porque “se la iban a llevar”.

La familia llevó toda esta información al ministerio público; pidieron que se investigara el número desconocido. De nuevo, no les hicieron caso. Fue hasta el día 23 de febrero que decidieron ir a CAPEA, en la colonia Doctores. Ahí comenzaron a procesar algunos datos. CAPEA, giró orden de presentación a Marco Antonio, el novio, para ser interrogado el  7 de marzo. Pero entonces surgió otra dificultad: cuando la familia conoció a Marco Antonio, éste dio la dirección de un domicilio al que supuestamente se acababa de mudar, apenas un mes atrás de la desaparición de Sandra. Cuando el ministerio público lo buscó  para entregarle la orden de presentación, no lo localizó y los vecinos dijeron que no lo conocen. Hasta ahora no ha declarado.

La familia de Sandra sigue colocando volantes por la zona. Una lona con el rostro de ella cuelga junto al deportivo Xochimilco: Tez morena clara, complexión delgada, 1.65 metros de estatura, ojos cafés claros, cabello castaño quebrado, dos lunares verrugosos junto al lado izquierdo de la boca. 

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