Piden ayuda para localizar a Ana María

La señora dijo que iba a una entrevista de trabajo en un rancho de Topilejo; pero nunca regresó; su celular continúa apagado
Lydiette Carrión
14/07/2015 - 03:00

Antes de  salir de su casa la señora Ana María Velázquez Colomer utilizó el teléfono fijo. Solía apuntar cosas en una libretita junto al teléfono. Esta vez no fue la excepción: un número de celular Movistar, la palabra trabajo y la leyenda “me avisó el señor Jorge”. 

Desde otra habitación el menor de sus tres hijos, de 16 años, escuchó a medias la conversación. Más tarde recordaría que Ana María, de 48 años, se describió a sí misma para quien la escuchaba del otro lado de la línea: “Soy blanca, no muy alta, tengo el pelo chino, lentes y no muy joven”. Luego preguntó: “¿Y a usted cómo lo voy a reconocer?”.

Después Ana María se despidió del menor de sus hijos: “Regreso más tarde, voy a una entrevista de trabajo”. La vio salir vestida con pantalón blanco, blusa café y una bolsa de mezclilla que se cuelga a un lado, de esas que llaman mariconera. Eran las 2:30 de la tarde.

Ana María dejó su hogar en la colonia El Mirador I, en Tlalpan, cerca de Héroes de Padierna y a unas calles de la carretera panorámica Picacho-Ajusco.

Esa tarde, el hijo menor y otro hermano le comenzaron a marcar al celular a eso de las cinco. Al principio entraba la llamada, pero Ana María no contestaba. Entre las seis y las siete de la noche el teléfono fue apagado. Al día siguiente, temprano, llamaron a la otra hermana, la mayor, Karla Mariana Patiño, quien ya vive por su cuenta.

Así, ese 1 de mayo llamaron a familiares y amigos, preguntando por su madre. Una tía relató que días antes Ana María le había enviado un mensaje por WhatsApp en el que le comentaba que había visto un empleo en un rancho de Topilejo; un trayecto que en pasaje público puede ser desde una hora hasta dos horas y media. Pero Ana María pensaba tomarlo, ya que ofrecían 2 mil 600 pesos a la semana. Pero la tía no sabía cómo es que Ana María había dado con aquel empleo. 

Una de sus mejores amigas tenía otra pista: “Háblenle a Lupita. Me dijo que su amiga Lupita le comentó”. Así que llamaron a Lupita. Ésta a su vez explicó que su esposo, el señor Jorge, había encontrado volantes pegados en una parada de autobús cerca de su domicilio: empleo en un rancho en Topilejo, 2 mil 600 pesos semanales, de 9 a 6 de la tarde, por cinco días de trabajo, entrada por salida, con opción a quedarse en la noche. Si el trabajo no es terminado en la semana la jornada se extenderá hasta el sábado a la una de la tarde. 

El señor Jorge arrancó un papelito y se lo dio a Ana María. 

Los hermanos hallaron el apunte en la libreta junto al teléfono. Marcaron el número referido. Estaba apagado. Ese mismo 1 de mayo denunciaron en las oficinas de CAPEA la desaparición de Ana María. 

Pidieron que se investigara el número Movistar, el celular de la mamá y el teléfono de la casa. Pero no fue sino hasta el 6 de mayo que la familia acudió a las oficinas de Fevimtra, que pudieron acceder a la sábana de llamadas del celular de Ana María. En efecto, había estado en comunicación con el mismo número apuntado junto al teléfono desde dos días antes. A fin de mes la sábana de llamadas del teléfono de la casa confirmó lo mismo. Sin embargo, según la información oficial, el número Movistar sospechoso no habría recibido llamadas ese día, ya que aparentemente no estaba funcionado. 

Pasados los días, las autoridades entregaron información sobre el Movistar. Según esto, el aparato no se podía rastrear, había sido adquirido aproximadamente en el mes de marzo, no tenía nombre asignado ni era posible saber quién era el usuario, había dejado de ser utilizado y no había recibido llamadas ni desde el teléfono de la casa de Ana María o de su móvil. 

Estos son los únicos indicios sobre la desaparición de Ana María. Karla Mariana hace un llamado a la gente: “Si alguien la ha visto por favor que reporte a los números de CAPEA”.

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