En dos años ni rastro de María Teresa

La roja 13/01/2015 19:27 Lydiette Carrión Actualizada 17:38
 

La desaparición de María Teresa Aguilar Hernández, ocurrida el 12 de mayo de 2012 entre Cuautla, Morelos, y Chietla, en el estado de Puebla, es quizá uno de los casos con más indicios y pistas por investigar. Sin embargo, pasan los años y las pistas e indicios siguen sin ser investigadas. 

María Teresa Aguilar, de entonces 26 años, salió de su casa el 12 de mayo de 2012 en Cuautla, Morelos. Llamó a su esposo, Pedro García, antes de salir y le dijo que iba a ver un posible trabajo. Quedaron de reunirse por la noche en la casa de los suegros. La joven tenía poco de haber salido de la universidad, no tenía experiencia laboral y estaba batallando para hacerse de un ingreso. 

Por la noche, Pedro la esperaba en casa de sus padres cuando María Teresa llamó desde un número desconocido. Aseguró que se encontraba bien, que había tenido una dificultad, pero que estaría mañana a primera hora en casa. El joven confió en ella y regresó a casa solo. Pero al día siguiente María Teresa no llegó y su número de celular se encontraba apagado. Entonces comenzaron a buscarla entre varios: los padres de la joven, amigos de la universidad y, por supuesto, su esposo. 

Un par de meses después, la policía entregó un par de datos: el teléfono desde donde habría llamado María Teresa la noche en que desapareció tendría la clave lada de Chietla, en Puebla. Probablemente un teléfono público, se aventuró a decir el agente de la policía, recuerda Pedro. 

Pero cuando llegaron las sábanas de llamadas se constató que el número pertenecía a una casa particular. La policía morelense fue al lugar. Dijeron que el lugar era propiedad de un hombre ya entrado en años, unos 60 y tantos, dijeron, campesino. 

El dueño de la propiedad aseguró que esa noche, la del 12 de mayo, mucha gente había ido a rezar a su casa, incluso, se montó una cruz. Dijo que había llegado demasiada gente y no la conocía a toda, así que no podía dar más señas. 

“Pero cuando yo hablé con María Teresa se escuchaba todo en silencio, no parecía que hubiera gente alrededor”, recuerda Pedro García. La policía no interrogó más. 

más datos.   La sábana de llamadas del celular de la joven arrojó más datos. El día anterior a la desaparición, María Teresa había estado en comunicación con un hombre, antiguo vecino del matrimonio. Este señor, a quien conocían desde enero pasado, había propuesto a María Teresa poner una tienda de abarrotes en la colonia; la joven había dicho que sí e incluso comenzaron a buscar un local. Estaban a punto de rentarlo, pero a la mera hora el hombre se echó para atrás y alegó que no tenía dinero. 

Esta persona jamás ha sido llamada a declarar.

En la sábana de llamadas también apareció un número de teléfono del Distrito Federal.  Tampoco ha sido investigado.

Pasaron los meses. El caso de María Teresa comenzó a pasar de una agencia a la otra. Comenzaron nuevas indagatorias. Un grupo de policías federales de Morelos tomaron el caso e hicieron nuevas diligencias. Fueron de nueva cuenta a Chietla. Supieron, por vecinos y personas del lugar, que la noche del 12 de mayo de 2012 el domicilio referido en realidad había sido lugar de un velorio. Un narcotraficante local había sido asesinado y sus amigos y familiares se despidieron de él.

Pero justo cuando parecía haber una pista más sólida los policías federales que investigaban fueron designados a otro estado, al norte del país. 

“Y ahora estamos igual que antes”, describe Pedro García. 

Así han pasado ocho meses desde María Teresa salió a buscar un trabajo y ya no regresó. Los indicios, las líneas de investigación se van perdiendo y difuminando. Pero Pedro García no deja de buscar a su esposa.

Google News - Elgrafico

Comentarios