Fui maniatada y vulnerable

Preparar una sesión romántica despierta los instintos para darle rienda suelta al deseo
Anahita
24/02/2016 - 12:04

Llegamos los dos al local con la curiosidad a tope para brindarle más motivos a nuestros antojos. 

Anteriormente, yo ya había adquirido un dildo en forma de conejito para mis momentos de deliciosa soledad y condones de colores y texturas.

Pero en esta ocasión, ‘J’ y yo nos daríamos vuelo juntos. En la entrada, nos recibieron un anuncio neón y el gran escaparate con una exuberante mujer estática vestida de sexy enfermera rodeada de globos y disfraces femeninos y para los hombres de acción; también un buen surtido de artefactos que descubriríamos adentro de la tienda. Así, tomados de la mano y ávidos de lo que encontraríamos, recorrimos los estantes de donde colgaba infinidad de parafernalia para consentir al más intrépido comprador. 

Vitrinas repletas de artículos para el disfrute de quienes ya no se conforman con lo que el cuerpo les ofrece; cremas, aceites, brochas que barnizan las pieles de ricas pulpas sabor a café, fresa, piña colada, y lociones que enfatizan los humores de anatomías que se pondrán más cachondas por la magia de sus compuestos. 

Plumas que harán estremecer la dermis, poniéndola chinita para un exquisito ritual y talcos dulces que se esparcirán en los cuerpos “dejando un aterciopelado acabado”, entre otras cositas inquietantes por conocer. 

Asesorados por el amable encargado de la sex shop, compramos los elementos que nutrirían “la lista del mandado”. Lencería en negro y rojo con toques atigrados; lazos de seda para atar las más calientes intenciones; vibradores lúdicos y kits policiacos para el arresto obligado de la más osada delincuente.

Cargados de los suculentos ingredientes para sazonar nuestros delirios, fuimos a comprobar su eficacia, y ya instalados en su casa, como niños en Navidad, nos sentamos en la alfombra y arrancamos las envolturas. La especial fascinación de la novedosa hazaña aumentó la lascivia por estar piel con piel. 

Hincados y hambrientos, uno a otro nos quitamos la ropa. Al azar, ‘J’ eligió el atuendo de una servicial secretaria con anteojos incluidos. Comenzó por mis piernas, colocando el par de medias caladas en color blanco; luego, me dio el liguero para sostenerlas y terminamos con la muy sugerente faldita de encaje negro y una corbata que caía en el centro de mis senos. Para él, escogí un colorido plumerito que llené de polvo azucarado, lo pasé por su cuerpo para empezar el entretenimiento y me dispuse a “tomar dictado”. 

Sus deseos serían órdenes y una de ellas fue abrir un coqueto frasquito con un líquido sabor chocolate; con un pincel, dibujé el lienzo de tersa carne y con la lengua repasé los trazos mientras, recostado y descansando en sus codos, checaba que la atenta ‘secre’ cumpliera lo asignado; surqué su abdomen, delineé sus pezones, viajé por sus ingles y me estacioné en su falo, que cubrí con especial consentimiento, pasando la brocha de abajo hacia arriba hasta convertirlo en una apetitosa golosina. 

La delicia untada endureció aún más su miembro y eso me invitó a probar los demás juguetitos tirados en la alfombra. 

Tomé un anillo vibrador y con la boca lo llevé a la raíz de su pene, limpiando con largas chupadas el tronco de cacao; abrí un sobrecito de lubricante de menta, mojé mi mano con él y revestí su falo con cadenciosa fricción; levanté mi faldita y me clavé en el obelisco de quien seguía asignándome tareas. La frescura en mi vagina potenció mi propia lubricación y la vibración activó mi clítoris, gozando de una explosión en mi sexo.

De pronto, ‘J’ me tumbó en el tapete y fui presa de los encantadores juguetes. 

Tomó mis muñecas y las apresó con las esposas, cubrió mis ojos con la suavidad de una seda y me arrancó la falda. Esa tarde, me perdí la imagen viril de su humanidad encima de mí, pero su voz entrecortada de jadeos y resuellos cuando me penetraba me puso bajo su custodia. Entonces, sujetó mi piernas y las subió en sus hombros, mientras mis pies entaconados se sacudían en la embestida. 

Maniatada y vulnerable, fui su secretaria fiel, que le dio un orgasmo con gusto a menta y chocolate.

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