Las perlas me ponen caliente

Mis perlas acariciaban su entrepierna, mis pezones se animaban con sus muslos y mi lengua esmaltaba su tronco rígido y surcado por sus venas
Anahita
13/04/2016 - 05:00

Dicen que usar perlas genuinas provoca en nosotras tristeza, que son como lágrimas. Yo, por eso, tengo un lindo collar de esas esferitas satinadas de pura fantasía y me gusta llevarlas con un atuendo de escote prominente que las deje ver como las protagonistas del ajuar; que algunas de ellas se escondan en el canal de mis senos y me produzca un cosquilleo al rozarme la piel. 

Fue así como me preparé entre el hormigueo rico y la excitación para ir a ver a ‘D’, quien se distingue por darme varios orgasmos en un solo acostón. 

Enfundada en un vestido, que aunque cubría mis muslos hasta las rodillas, se entallaba en ellos permitiéndome apenas caminar, llegué y toqué el timbre de su depa, jugueteando nerviosa con mi collar. Descalzo y de elegante negro, me dio la bienvenida, sujetando mi cintura y comiéndome la boca, mientras pasábamos directamente a su recámara dando traspiés y con cuidado de no pisarlo con mis puntiagudos tacones, los cuales a él le encanta que me ponga. ‘D’ también es tan cortés, que a la vez que me volteó para yo quedar de espaldas cubriendo su pecho y comenzar a acariciarme y lamerme los hombros que poco a poco desnudó, preguntaba qué tal me había ido el fin de semana, mientras yo le respondía con incoherencia y entrecortada de jadeos porque mis bragas ya estaban en mis pies y sus dedos  en mi vagina. Mis nalgas comenzaron a frotar su inflamación con movimientos circulares, al mismo tiempo que le bajaba a tientas la bragueta y él seguía mi ritmo con sus palmas en mis caderas; me giró suavemente para quedar frente a frente y me zafó el vestido, desabrochó el brasiere; de pie, me impulsó agarrando fuertemente mi trasero y lo abracé con mis piernas para clavarme en su miembro portentoso. Me aferré a su cuello y ‘D’ empezó a subirme y bajarme para que le diéramos con todo a la intempestiva penetración. El sudor nos humectaba   y mis senos enredaban su vello oscuro con sólo un collar de perlas de separación; era una estimulación muy parecida a la de un terapéutico masajeador cuyas esferas rodaban por su torso y de vez en vez se atoraban en mis pezones, irguiéndolos más. Así nació el primer orgasmo.

Tomando un descanso colgada de él, me tumbó en el colchón, abrió mis piernas, las colocó sobre sus hombros, y con lo zapatos puestos y mi sexo punzante por la deliciosa explosión, su pene entró, mientras las perlas rodearon mi cuello y sonaban entre ellas por los enardecidos empellones que ‘D’ me propinaba; las cuentas danzaban y la pelvis de mi amante imperaba en nuestra sexy afrenta genital. En cada empujón, me aferraba al collar como ese amuleto que garantiza un nuevo espasmo, al mismo tiempo que, yo con los tacones perforando la cama, él lamía mi garganta con las brillantes bolitas blancas interfiriendo en cada lengüetazo. Su pecho caliente y sudoroso goteaba en el mío y aproveché el momento para beber su emulsión salada, fragante, pasar mi mano sobre él y chuparme los dedos; dirigí uno de ellos a mi hendidura e incité el segundo orgasmo. Agotado, se acostó en las mantas y me lancé hacia su miembro para comerlo como ‘D’ lo había hecho con mi boca cuando arribé al encuentro. 

Mis perlas acariciaban su entrepierna, mis pezones se animaban con sus muslos y mi lengua esmaltaba su tronco rígido y surcado por las venas que mostraban su poderío. Pero el hombre interrumpió el consentimiento oral y me tomó de los hombros para montarme en su centro, dejó caer sus brazos como un cristo y empecé a cabalgarlo. Después de una  mirada a mi frenesí, arremetiendo en su falo, cerró lo ojos y   observé el edén de su rostro concentrado, resollando, e inquietándome con el anuncio de una nueva detonación en mi clítoris que se refregaba en su vientre. Frunció el ceño y nos venimos juntos, mientras me afianzaba del collar que terminé por romper.

Recostados y muy cansados, su semen se deslizó por su cadera; así fue como tomé el caudaloso jugo y me puse un nuevo collar de perlas, el cual siempre me provoca pura sensualidad.

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