‘Me lo eroticé con su corbata’

“Al moverme en un rico vaivén, mis nalgas rozaban el nudo de su corbata”
Anahita
08/06/2016 - 05:00

Marcos está tan ocupado, que nunca tiene tiempo para divertirse; dice que su trabajo no le da más que dinero y problemas, aunque es claro que su sueldo le satisface el buen gusto que tiene al vestir; “pero de qué sirve tener trajes caros, si no me queda día para ligar como debe ser”.

Mientras se lamentaba tomando conmigo unas cervezas en el bar que está a un lado de su oficina, fastidiado se aflojaba la corbata; “calma, chico, que con estos tragos te la estás pasando bien”, lo consolaba observando sus grandes manos desabrochando el botón de su camisa. Sonrió y me miró haciendo, finalmente, a un lado el estrés.

Tras unas horas de plática banal, miró su reloj y me dijo que debía regresar a casa para terminar unos informes; sin embargo, su mirada se volvió traviesa y preguntó que si tenía algo que hacer; “no tardo mucho y es temprano todavía…”.

Así llegamos a su depa, me invitó a ponerme cómoda y “si eres tan gentil, sirve dos alcoholes en lo que acabo esta mierda”. Whiskey para él, vino para mí. Yo me quité los tacones y él aún en su papel de ejecutivo, sólo se deshizo del saco y arremangó la camisa.  Para mí, mejor, pues con esa corbata de rayitas grises se veía increíblemente varonil.

Mientras lo miraba ensimismado frente al papeleo, prendí un cigarro y me acerqué para invitarle una calada poniendo el tabaco en su boca, aspiró profundo y expulsó el humo azul como si soltara semanas de hartazgo laboral. De un lado a otro, caminé por detrás, pasé mi mano por su nuca y noté que se le erizó la piel, dejó de ver los folios e incorporó la cabeza cerrando los ojos.

“Dame otra fumada”, me dijo murmurando; me senté sobre la mesa y le volví a convidar de mi cigarro; al aspirar, sobó mi muslo en plan agradecido, y cuando quiso quitar su mano, la detuve con la mía y apagué el pitillo, mientras abría mis piernas forradas de una falda plisada; retiré los papeles y me recorrí para quedar frente a él.

Mis pies ya estaban sobre la mesa con mi sexo apuntando a sus ojos y sus manos deslizaban la tela, al mismo tiempo que me acariciaba la piel hasta llegar al resorte de mis bragas para quitarlas lentamente y arrimarme hacia su cara para lamerme la carne.

Al moverme en un rico vaivén, mis nalgas rozaban el nudo de su corbata; así aproveché y eroticé mi culo con la sedosa lazada; Marcos seguía chupando y comiendo mi centro con mis piernas colgando de sus hombros al vacío… Me vine exquisitamente y entonces le pedí que nos fuéramos a su cama. 

Camino a la recámara, botabamos las ropas, pero al llegar al colchón, lo tumbé y me monté sobre él para quitarle la corbata, zafando sutilmente la parte más corta del lazo; ese nudo que ayudó a que mi orgasmo fuera más delicioso, como una bocanada de cigarro, se desintegró, y así le dimos otra divertida utilidad.

Ahora era yo quien la iba a usar. Mientras me metía su falo como clavo ardiente, comencé a atarme la corbata al estilo inglés; él miraba extasiado y sorprendido por la pericia e inicié la cabalgata acompasada y sin pausa, para luego moverme con un ritmo más intenso con la intención de que estallara, pero al sentir su pene más gordo en mi vagina y su jadeo igualmente acrecentado, me retiré y bajé hasta su miembro.

Hice que el nudo masturbara su gran trozo; “nota lo bien que se siente tu corbata en la carne”, le decía mostrándole la nueva función del fetiche; “siente lo mismo que yo cuando lo restregué en mi culo”… Intempestivamente y con su falo a punto de explotar, me sujetó de los brazos y me puso en cuatro. Mi trasero recibió su ataque y le dio la vuelta a la corbata para someterme con ella.

Una mano se afianzaba en mi cadera y la otra, sin daño, jalaba el lazo como las riendas que hacían que mis nalgas chocaran en su sexo para después venirse con un alarido desgarrando su garganta… Hoy, cada que veo una corbata rodeando el cuello de un hombre guapo, me imagino tantas cosas…

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