Me vine como bestia

El hecho de tener sexo con tu amiga, habla de una flexibilidad real sobre tener sexo con hombres y mujeres
Cecilia Rosillo
25/02/2016 - 11:06

Hola, desde hace meses me empecé a masturbar con mi mejor amiga. Nunca pensé que haría esto con una chica y menos con ¡mi amiga! Aparte de ser amigas, compartimos depa y un día que pensaba que estaba yo sola aproveché para masturbarme, pero ella llegó y yo había dejado la puerta abierta de mi habitación. A mí se me cayó la cara de vergüenza, no me dijo nada y para mi sorpresa volvió a mi cuarto, se quitó la ropa y se unió a mí. Fue delicioso sentir como me masajeaba el clítoris, me abrió de piernas, me comió todo y me metía los dedos. Me excito de pensar en nuestra primera vez. ¡Me vine como bestia! Y a partir de ahí, la cosa ha ido a más. Tenemos relaciones en la regadera, nos echamos chorros de agua caliente y no puede pasar una noche sin que nos masturbemos; esta situación me ha puesto de lo más cachonda. Estoy mojada todo el día. Pero mi preocupación se debe a que un día se presentó con un juguetito de sex shop. A veces me metía el vibrador, otras un dildo, pero lo mejor fue el arnés. Yo me abrí de piernas al borde de la cama y ella de rodillas me cogía con uno que era tamaño real de un famoso actor porno y ¡me encantó! Pero no sé si me voy a mal acostumbrar y voy a dejar de querer tener sexo con hombres. No me considero lesbiana, más bien creo que me acuesto con mi amiga por puro placer, por vicio, sabe tocarme donde más me gusta. ¡Necesito orientación! Gracias.

Bueno, no todas las personas son heterosexuales al 100%, tu caso es uno de ellos. Lo que mejor te conviene es ir con un terapeuta sexual experto en diversidad sexual para que ubiques tus preferencias. El hecho de que tengas sexo con tu amiga, habla de una flexibilidad real sobre tener sexo con hombres y mujeres. Lo importante es que definas tu preferencia, así evitarás confusiones y relacionarte con culpas.

Hola. Tengo esta curiosidad, siempre he querido tener un orgasmo sólo penetrándome con mi consolador, pero no lo consigo a menos que toque mi clítoris; muchos hablan del dichoso “punto G” pero definitivamente algunas veces dudo que exista, hasta con los dedos lo he buscado y nada. ¿Me pueden dar alguna recomendación?

Lo primero es que el cuerpo de cada persona es distinto y una de las cosas maravillosas del sexo es que tienes que descubrirte a ti misma en el aspecto sexual, no se trata de que pienses algo y se cumpla, es exactamente lo contrario, el sexo parte de la experiencia, de sentir y después... entender. Si tú quieres autoponerte un manual, jamás vas a conseguir el placer. El clítoris es una de las zonas que nos facilitan la excitación, si quieres experimentar sin él debes tener mucha más paciencia, lo mismo pasa con el punto G, que no siempre está accesible pues la vagina se mueve de posición de acuerdo con la fase del ciclo menstrual, lo que a veces hace que el cérvix esté más cerca y más profundo, igual que el punto G. Así que ten paciencia, relájate y siente, por mucho tiempo que tome; si te autopresionas jamás llegarás.

Buenas, quiero aclarar que evidentemente sé cómo se hace una “mamada”, es decir, una felación y nunca me ha dado problemas ningún chico con los que he estado. El caso es que ya tengo pareja estable y lo adoro. Ya de por sí hacer una felación no es algo que me guste mucho, pero sé que a él sí le gusta; aunque me aplico mucho, tarda mucho en venirse y ¡me aburro harto!, así que paso a la penetración. Pero estoy segura que le encantaría terminar en mi boca. ¿Hay algún método infalible? Verónica T.

Sí lo hay, se llama dejarse llevar y sólo lo puede hacer él. Recuerda que el orgasmo es una experiencia personal y si la persona no quiere sentir, no se va a dar. Para saber por  qué no eyacula en tu boca debes preguntarle, no en el momento, sino después o antes del sexo. Tan sencillo como decirle: ¿Qué tanto te gusta el sexo oral sobre otras formas de hacerlo? ¿Oye, terminarías en mi boca? Es simple, muchas veces las parejas no se dicen las cosas porque piensan que serán censuradas por la otra persona. Dile lo que piensas y más allá de criticarlo o juzgarlo, aprende de él lo que le gusta para que la relación sea placentera para ambos.

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