La distancia en el verano

Las vacaciones pueden ser un período difícil para las mujeres que trabajan y no pueden disfrutar del tiempo libre que tienen sus hijos
Cecilia Rosillo
23/07/2014 - 03:00
La culpa es sin duda el peor de los elementos a seguir para las relaciones humanas afectivas, eróticas y amorosas. A amar se aprende, y aprenderlo mal desde la niñez conlleva repetir erróneamente actitudes negativas o culpas. 
 
Por ejemplo, en las relaciones de padres e hijos es muy común que las madres trabajadoras desarrollen sentimientos de culpa, por no estar todo el tiempo con sus hijos, sentimiento que se agrava durante las vacaciones de verano.
 
El ideal de despertar tarde, ir de paseo, viajar o permanecer en pijama el día entero con los hijos pone frente a la frustración a aquellas madres que deben seguir levantándose al salir el sol, dejar a los hijos desayunados, ya sea encargados con algún familiar o en una escuela de verano sin que parezca que hay una diferencia entre el ciclo escolar y las temidas vacaciones.
 
Esto genera problemas existenciales de las madres trabajadoras que, las más de las veces, sienten que es otra manera de dejar abandonados a los hijos.
 
Gabriela González, psicoterapeuta de “Niños de ahora”, portal para padres que desean saber cómo acompañar, guiar y educar hijos libres, sabios y realmente felices, dice que: “las mamás trabajadoras se sienten fatal por esta situación, sobre todo cuando ven en las redes sociales fotos de sus amigas disfrutando de un hermoso verano con sus hijos, en la playa o en  lugar turístico”.
 
Asimismo, señala que esto es muy poco comprendido por sus parejas o, en sí, por los hombres a su alrededor: “Esto es algo que muy pocos papás experimentan, porque el rol de proveedor está mucho más asociado a ellos;  hace apenas algunos años, las mujeres han expandido su rol en la sociedad mucho más allá de la crianza y el cuidado del hogar”. 
 
Sin embargo, dice que justamente este momento es ideal para hacer un alto en el camino y reflexionar para encontrar su lugar como madre y como profesionista para poder lograr el equilibrio necesario para alcanzar la paz consigo mismas”.
 
Para lograrlo, sugiere siete pasos fundamentales:
 
Primero conectarse con la propia verdad.  Es decir, reconocer lo que siente sin resistirse, aceptar lo que hay pues aunque las cosas cambian, la realidad es ahora. 
 
Como segundo paso expresar los sentimientos, ya sean de culpa, resentimiento, estrés. Correr, escribir, gritar, hablar con amigas o hasta ir a terapia son formas de lograrlo y procesarlo ya que de otra manera las mamás tiene conductas que reflejan esto con sus hijos y empeoran la  situación.
 
Lo tercero es resignificar, que no es lo mismo que justificar, sino saber ¿qué sentido trascendente tiene el trabajo en la vida de una mamá? ¿Qué sentido brindan los hijos a la vida? ¿Cómo encontrar un balance entre ambos aspectos?
 
El cuarto punto es establecer límites, respetar los propios horarios, procurar que lo aportado, tanto en casa como en el trabajo sea valorado y reconocido, empezando por una misma.
 
Hacer espacio es el quinto punto. “En la mayoría de las situaciones las madres tienen tanto en sus manos, que se dejan a ellas al último, esto genera resentimiento”, dice. 
 
El sexto es pedir ayuda. “Todos reconocemos los efectos que tiene sobre la familia una madre estresada. Sin embargo, la responsabilidad por autocuidarse es de ella. Aprender a pedir, abrirse a recibir.
 
El último y fundamental es amar. No se necesita ser perfecta. “Sólo ser quien se es y disfrutar lo que se hace”, explica. 

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