Historia maléfica

Las adaptaciones que se han realizado para presentar los cuentos clásicos desvían el objetivo de estos relatos, creados para ayudar al desarrollo de los niños
Cecilia Rosillo
11/06/2014 - 03:00
A últimas fechas se ha dado por argumentar que los cuentos de hadas sólo provocan que niños y niñas equivoquen la elección de pareja, al presentar príncipes y princesas como ideales amorosos que nada tienen que ver  las personas reales. 
 
Esto es cierto, en parte, pues sucede que los cuentos de hadas originales no los creó Disney, sólo los popularizó y los desvirtuó, quitando la enseñanza fundamental, que es preparar el inconsciente infantil para cuando llegue el desarrollo sexual y enseñar al niño, a través de la imaginación, a superar obstáculos y a confiar en sí mismo. 
 
Bruno Bettelheim, un escritor y psicólogo austriaco, se dio a la tarea de hacer un psicoanálisis de los cuentos de hadas y encontró que estos suelen plantear, de modo breve y conciso, un problema existencial, lo que permite al niño atacar los problemas en su forma esencial, cuando una trama compleja le haga confundir las cosas. El cuento de hadas simplifica cualquier situación, usando la fantasía.
 
Los cuentos, dice, enseñan muy poco sobre las condiciones específicas de la vida moderna de nuestra sociedad pues estos relatos fueron creados mucho antes de que ésta empezara a existir. 
 
Pero enfrentan debidamente al niño con los conflictos humanos básicos y ese proceso de crecimiento empieza con la resistencia hacia los padres y el temor a la madurez, terminando cuando el joven se ha encontrado ya a sí mismo, ha logrado una independencia psicológica y madurez sexual, y no ve ya al otro sexo como algo temible o demoniaco, sino que se siente capaz de relacionarse positivamente con él.
 
Por ejemplo, la historia original de Blancanieves muestra que el hecho de haber alcanzado la madurez física no significa, de ningún modo, que uno esté intelectual y emocionalmente preparado para la edad adulta, representada por el matrimonio.
 
 Es necesario que se produzca un considerable desarrollo y que transcurra un cierto tiempo antes de que pueda formarse la nueva y madura personalidad y de que se integren los viejos conflictos. Sólo entonces está uno preparado para recibir un compañero de otro sexo y establecer una relación íntima con él, necesaria para alcanzar la madurez adulta.
 
El argumento central de todas las versiones de La bella durmiente es que, por más que los padres intenten impedir el florecimiento sexual de su hija, éste se producirá de modo implacable. Además, los obstinados e imprudentes esfuerzos de los padres no conseguirán más que evitar que la madurez se alcance en el momento preciso. Este retraso en la maduración está simbolizado por los 100 años de letargo, que separan su despertar sexual de la unión con su amante.
 
La moraleja original que se da en Caperucita roja  es que las muchachas no deben hacer caso del primero que se les acerque. Si lo hacen, no es de extrañar que el lobo las atrape y se las coma, donde el lobo simboliza al hombre seductor maduro y no a un joven de su edad, donde los más amables son los más peligrosos, especialmente los que siguen a las jovencitas por la calle, incluso hasta su casa,  y el hecho de que “se la coma” en la cama, significa que la use sexualmente cuando ella no está madura para las relaciones sexuales.
 
Los cuentos de hadas preparan al niño para que acepte un hecho todavía más traumático: la menstruación, o  más tarde, en la relación sexual cuando se rompe el himen, simbolizadas por la sangre que sale a las princesas como, por ejemplo, al pincharse el dedo.
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