El poder de los conflictos

Los problemas de pareja pueden servir para que una relación se fortalezca
Cecilia Rosillo
10/09/2014 - 03:00
Según expertos, el conflicto es la energía básica de la pareja. Lo malo es que tenemos ideas erróneas sobre lo que es y creemos que son problemas, pero en realidad son diferencias.
 
Éstas son necesarias para el desarrollo de las personas, pues las partes similares o iguales de la pareja son útiles para la convivencia y el desarrollo común, pero las áreas diferentes sirven para evolucionar, ya que abren la posibilidad de negociar, de construir.
 
Así, una pareja con muchos elementos opuestos llega a tener mucha atracción, pero también muchos conflictos. Por el contrario, una pareja con escasas  diferencias se comporta con poca vitalidad. 
 
Generalmente se cree que mientras más parecidos seamos, la relación será más fácil, pero la pareja debe pasar por la etapa de la desilusión para ver al otro como es en realidad. Y es aquí cuando aparecen aspectos que pueden no gustar. 
 
Hay que tener claro que una relación amorosa es una construcción de dos personas; por ello, si creemos que un buen matrimonio es resultado de haber elegido a la persona adecuada y que si falla es porque no se eligió adecuadamente, estamos frente a una creencia errónea. Si el matrimonio no funciona es porque fallamos en las negociaciones.
 
Éstas representan la acertada conducción  de las diferencias. Cada pareja maneja la energía presente en el conflicto de diferentes formas. En principio hay tres maneras de manejar el conflicto: sumisa, agresiva o en igualdad.
 
La primera es cuando uno de los dos cede para evitar el pleito. Agresivamente, ninguno da el brazo a torcer, pelean, no se escuchan, es otra manera de evitar el conflicto. Pero si lo hacen en igualdad, los dos ceden y logran acuerdos.
Esto distingue a las parejas que pueden ser desvitalizadas, habituadas al conflicto o vitales.
 
Las desvitalizadas se la pasan evadiendo los conflictos y siempre un miembro de la pareja se la pasa sufriendo por ceder constantemente sus deseos y expectativas por miedo a un conflicto. En ocasiones alternan el papel de la prudencia, pero en vez de servir evita el desarrollo natural de la pareja y daña la relación.
 
En el otro extremo está la pareja habituada al conflicto, que discute y alega por casi todo, y cada diferencia es asumida para ver quién es más valioso, quién tiene la razón o quién es más importante. Ceder equivale  a ponerse por debajo del otro. Ambas evaden el conflicto y pierden energía vital.
 
Las parejas vitales tienen puntos de vista distintos que los enriquecen, han comprendido que las diferencias son valiosas para la relación, pueden aprender a intercambiar información y así definir el problema, proponen posibles soluciones y  establecen acuerdos, lo que no significa que no tengan momentos de enojo, sólo que saben que el pleito se resuelve siempre a favor de ambos.
TU REACCIÓN
¿QUÉ TE HA PROVOCADO ESTA NOTICIA?
0
QUE CHIDO
0
QUE PICANTE
0
QUE HORROR
0
ME IMPACTA

CONVERSACIONES EN FACEBOOK