La despreciaba por otros hombres

“Lo amaba, lo toleraba, y se guardaba virgen sólo para él, para el día en que se casaran, casi no salía, vivía sólo para él”
27/02/2016 - 13:47

Lourdes Larguiña ha sido extremadamente hermosa toda su vida.

Pocas veces se había visto un cuerpo como ése en la zona residencial en donde Lourdes vivió toda su vida.

Era sabido que Lourdes habitaba los sueños húmedos de cinco kilómetros a la redonda. No había hombres, joven o viejo, que no hubiera intentado conquistar a Lourdes Larguiña.

Pero también era sabido que Lourdes, desde niña, había entregado su corazón al “Peque”, su vecino pecoso. 

Años atrás, bajo un ciruelo, hicieron un inocente pacto de amor y Lourdes se prometió a sí misma que nunca lo rompería.

Y ya sabemos lo especial que es esta mujer, así que cumplió esta promesa los primeros 25 años de su vida.

El “Peque” creció y se convirtió en Ricardo, un junior desagradable que sólo hablaba de coches deportivos y prefería masturbarse mirando películas para adultos grabados en baja calidad que meterle mano a Lourdes. ¿Por qué? Porque podía, porque era un sujeto sin criterio y con mucho dinero.

Y pese a todo, Lourdes no alcanza a ver en lo que se había convertido el amor de su infancia. Lo amaba, lo toleraba y se guardaba virgen sólo para él, para el día en que se casaran, casi no salía, vivía sólo para el “Peque”, el maldito “Peque”.

Poco después se casaron y vivieron unos meses en la más profunda infelicidad. Ricardo estaba ebrio casi todo el día, no volteaba a ver a Lourdes y la trataba como basura. Lourdes empezó a guardarle rencor, su cuerpo deseaba ser tomado, pero el único hombre al que estaba dispuesta a entregarse la despreciaba por completo.

Una noche supo por qué.

Cuando Lourdes regresó antes de un viaje familiar, encontró a Ricardo, ahogado en mezcal, con dos hombres encima. Todos desnudos y felices. 

Se divorciaron y un día, después de meses de depresión suicida, Lourdes se dio cuenta de que había desperdiciado toda su vida, años y años sin placer sexual, sin amor verdadero, sin vida. Cada quién tiene derecho a hacer su vida sexual con quien quiera, pero que avise, pensaba Lourdes.

Pero no había vuelta atrás. Aunque intentó ser feliz y llevar una vida normal, Lourdes nunca recuperó su corazón, se perdió por siempre en la oscuridad de la venganza.

Quería no sólo hacer que el “Peque” pagara por lo que le hizo, sino todos los hombres. 

Así comenzó su plan. Y su primera víctima fue, por supuesto, el “Peque”. 

Como era muy cobarde, el “Peque” no le había dicho a sus padres por qué se había divorciado de Lourdes. Era incapaz de aceptar que sus preferencias sexuales tenían más cara de hombre que de mujer. Su padre, un ganadero conservador, no lo iba aceptar tan fácilmente y con toda seguridad le iba a quitar toda su herencia y sus privilegios. 

Así que para el “Peque” era cuestión de vida o muerte que sus padres no se enteraran nunca. 

Y Lourdes lo usó a su favor. Había pasado un año desde su divorcio. Lourdes fue a la casa de su ex esposo y le dijo sin preámbulo:

—Si no vienes conmigo en este momento y haces lo que te ordene, voy a hablar seriamente con tu padre. Y si no me cree, lo voy a convencer en la cama, él siempre me tuvo un aprecio especial, si sabes lo que quiero decir. 

Ricardo, el “Peque”, tragó saliva y obedeció. Apenas creía que esta mujer decidida y maliciosa fuera la misma Lourdes a la que él había despreciado durante tantos años. 

Y así llegaron al Condominio Horizontal. Lourdes había comprado una casa y tenía planes para usarla. 

Cuando llegaron, le dijo a Ricardo: 

—Siéntate ahí y haz lo que haces siempre. 

—No entiendo —dijo él con cara de tonto. 

—Mira, aquí hay una computadora. Ponte a ver videos porno o a bajar videos de carros y esas estupideces en las que gastas tu vida. Al rato van a venir unas amigas. Haz lo que te pidan o ya sabes. 

Alrededor suyo llegaron primero otros hombres. Algunos atractivos y otros no. Ricardo pensó que no estaba tan mal lo que estuviera planeando Lourdes si había alguno que otro hombre guapo por ahí.

Pero había algo raro. Ninguno de esos otros hombres platicaba entre sí, ni se miraban. Uno estaba como loco haciendo ejercicio en una caminadora. Otro estaba jugando videojuegos. Otro más estaba haciendo una larga e interminable llamada de negocios. Y más allá estaba uno mirando futbol en la televisión mientras bebía cerveza. Y cada uno estaba vestido distinto.

Lourdes empezó a guardarle rencor, su cuerpo deseaba ser tomado, pero el único hombre al que estaba dispuesta a entregarse la despreciaba por completo. Una noche supo por qué. Lourdes encontró a Ricardo, ahogado en mezcal, con dos hombres encima. Todos desnudos y felices.

TU REACCIÓN
¿QUÉ TE HA PROVOCADO ESTA NOTICIA?
0
QUE CHIDO
0
QUE PICANTE
0
QUE HORROR
0
ME IMPACTA

CONVERSACIONES EN FACEBOOK