El asesino de las zapatillas

El hombre gustaba de secuestrar mujeres, vestirlas y ponerles tacones antes de torturarlas y matarlas
Ricardo Ham
25/11/2016 - 05:00

  Se dirigió con sumo cuidado al ropero, en sus pasos la ansiedad competía con el placer, imaginaba con gusto lo que había ahí dentro, la suavidad de las telas y el colorido de los zapatos lo hacían soñar despierto. 

El lento abrir de las puertas produjo un quejoso y macabro rechinido que partió en dos el silencio, el espejo de fondo reflejó un rostro dibujado por la  emoción, poco a poco fue descolgando las piezas, el primero en hacer su aparición fue el largo y oscuro vestido que llevaba guardado varias semanas, con toda intención pasó la suave tela por su rostro, cerró los ojos para gozar el roce, aspiró con profundidad para retener  el aroma a mujer que aún impregnaba la prenda. 

Buscó con la mirada los zapatos adecuados, esos que combinaran perfectamente con el vestido, él siempre prefirió los tacones, nunca se había desprendido de esa fascinación, los colocó sobre la cama con veneración religiosa, eran mucho más que un simple objeto. 

Todo estaba listo y en su lugar, sólo faltaba entregárselo a la víctima, la trajo hacia la habitación, fue cuidadoso al quitarle la venda de los ojos y la cinta de la boca, la luz deslumbró a la mujer que llevaba días en la oscuridad, estaba tan adolorida por los golpes que no entendía lo que pasaba, solo sintió que unas toscas manos la obligaban a ponerse el vestido negro.

Ella de reojo miró las  manchas de sangre sobre la tela. Jerry Brudos tenía todo calculado para cumplir una vez más su enferma fantasía.

Jerome Brudos fue el segundo hijo del matrimonio entre Henry y Eileen; desafortunadamente fue un niño profundamente maltratado, la desilusión de su madre por no dar a luz a una niña la llevó casi a la locura, con suma frecuencia lo regañaba y aislaba de los demás miembros de la familia, las largas horas que Jerome pasaba solo en los rincones de su casa lo llevaron a imaginar toda clase de cosas, en algún momento halló en un rincón unas zapatillas de mujer, el encuentro causó tal fascinación en Brudos que a partir de entonces se volvieron una clara obsesión para el futuro asesino.

En repetidas ocasiones Jerry fue reprendido en la escuela por robar las zapatillas de sus compañeras, durante sus primeras relaciones sentimentales exigía a sus parejas desnudarse por completo y sólo vestir sus zapatos.

La obsesión de Jerry por mirar  los zapatillas de tacón se desbordó en 1968, tras una breve estancia en las fuerzas armadas, Brudos regresó a vivir a su antiguo barrio, una tarde una estudiante universitaria llamó a su puerta para vender enciclopedias, Brudos la secuestró, la asfixió y le probó ropa de mujer que tenía guardada, mantuvo relaciones sexuales con el cadáver, le tomó varias fotografías e incluso le cercenó un pie que posteriormente utilizó como fetiche sexual. La joven fue la primera de 4 víctimas: Linda Slawson, Jan Whitney, Karen Sprinker y Linda Salee;  todas fueron retratadas con cámaras instantáneas y sus imágenes sirvieron como macabro recuerdo para el asesino.

Los testigos de los secuestros mencionaron haber visto a un hombre de las características de Jerry, la inspeccionar su garaje se encontraron los zapatos usados como trofeos, un par de senos cercenados que se hallaron sobre un montón de papeles, la evidencia fue lapidaria.

Jerry Brudos confesó sus crímenes, fue condenado a cadena perpetua, en su celda se entretenía con catálogos de zapatos para mujer, lo que él consideraba pornografía, el asesino murió en prisión en marzo de 2006 a causa de cáncer de hígado.

 

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