El taxista vampiro

El iraní violaba, mataba y bebía la sangre de sus pasajeras, para luego quemar sus cuerpos. Fue azotado y luego colgado
Ricardo Ham
20/05/2016 - 05:00

Alí abandonaba la gasolinera al bordo de su taxi, la aguja señalaba  tanque lleno, sin embargo, decidió llevar un poco más de combustible por si llegaba a ser necesaria, los botes guardados en la cajuela eran señal de que algo muy grave sucedería. 

Con sigilo recorría las calles de Teherán, en Irán, pero no hacía caso a las personas que con la mano le pedían detenerse para abordar el taxi, su miraba analizaba con rapidez a cada uno de ellos, pero no frenaba para darles el servicio.  

No pasó mucho tiempo para que una joven mujer de apariencia ejecutiva buscara un taxi, su elegante presencia no pasó desapercibida para Alí, pisó el acelerador para ganar a ese usuario, conforme se acercaba a ella, su frente  comenzó a humedecerse y las manos trémulas se sujetaban con dificultad al volante. 

Pronto, la pasajera notó que el taxi se había desviado, al intentar  escapar, ella se percató que las puertas no tenían modo de abrirse por dentro, había entrado a una trampa, jamás llegaría a su destino.

Alí Reza tenía en sus manos un nuevo manjar al  que podría atacar sexualmente,  beber su sangre e incinerar su cuerpo sin que nadie supiera la existencia de ‘El Vampiro’ de Teherán.

Entre los meses de febrero y junio de 1997, en la capital  iraní, se reportó la desaparición de varias mujeres de entre 9 y 40 años de edad,  las autoridades policiales se encontraban fatalmente confundidas y el tortuguismo en las investigaciones tenía muy molesta a la población del lugar.

Al buscar en los archivos de casos de criminales condenados por ataque sexual, se encontró el nombre de Gholamreza Khoshrou Kouran Kordieh, mejor conocido como “Alí Reza”, que ya había sido condenado por violar y asesinar a una mujer, así como por varios asaltos a mano armada. Según las propias palabras de Alí, fue tras pagar la condena de tres años de prisión que echó a andar su nuevo modus operandi para hacerse de más víctimas.

En un juicio que se transmitió en su totalidad por los canales abiertos de la televisión iraní, Gholamreza Khoshrou Kouran Kordieh confesó ante las cámaras haber asesinado a nueve mujeres, a quienes levantaba en un taxi para llevarlas a lugares muy apartados; las atacaba sexualmente, tras  la violación las asfixiaba y bebía la sangre de las víctimas, rociaba con gasolina los cuerpos para prenderles fuego y hacer imposible su identificación.

Tras su segundo juicio, Alí fue condenado a 10 sentencias de muerte, así como a recibir 900 azotes por parte de los familiares masculinos de las víctimas, previos a su  ahorcamiento público. 

La fecha fatal para Alí se marcó en calendario el 12 de agosto de 1997, la multitud se dio cita para mirar la ejecución pública, mientras escuchaban por los megáfonos textos especialmente seleccionados del Corán. La soga se ajustó perfecta al cuello de Gholamreza Khoshrou Kouran Kordieh, su cuerpo permaneció suspendido hasta su último aliento, mientras la multitud gritaba: “La sangre de los inocentes siempre será vengada”.

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