La asesina vudú

Entre 1911 y 1912, la paz de la comunidad negra de los estados de Texas y Luosiana fue fatalmente golpeada tras los homicidios
18/02/2016 - 22:51

La tranquilidad  del lugar se veía amenazada por una vibra macabra e  incierta, la oscuridad reinante era tímidamente interrumpida por un par de veladoras a punto de consumirse, el silencio en el lugar  brutalmente exterminado por el violento sonido de los tambores que anunciaban el vencimiento del plazo: la sangre pura debía brotar nuevamente y así tranquilizar la energía que se estaba violentando.

La sangre debía ser pura, no importaba cuántos debían morir, era necesario que viniera de la misma raza, los impuros solo molestarían más a la oscuridad amenazante. 

Pero la pureza de sangre no era toda la exigencia, las víctimas debían ser negras como el ébano y pertenecer al mismo linaje, sin embargo, no era algo que Clementine no pudiera conseguir, cada noche salía decidida a satisfacer a sus dioses vudú sin importar cuántas vidas costara el sacrificio.

Entre 1911 y 1912, la paz de la comunidad negra de los estados de Texas y Luosiana fue fatalmente golpeada tras los homicidios de medio centenar de sus miembros, lo que en un principio se podía suponer como crímenes raciales, saltó a niveles de violencia extrema cuando los cadáveres comenzaron a aparecer por grupos nunca menores a cinco cuerpos, con características de haber sido ultimados de manera ritual.

Los machetes y las hachas fueron las armas predilectas de la homicida, una cortada de tajo le daba el suficiente tiempo para poder repetir media decena de veces cada uno de los ataques, en un par de ocasiones los cráneos de las víctimas fueron partidos con una fuerza brutal de un solo golpe, mientras que en varios ataques los cuerpos fueron simplemente descuartizados y regados por la ciudad.

Pese a lo confuso del caso, la policía de los dos estados comprobó la culpabilidad  Clementine Bernabet, una joven de tan solo 18 años miembro de una secta, al entrar a su domicilio encontraron múltiples prendas de ropa bañadas por completo en sangre.

En noviembre de 1911 Clementine confesó ser la autora de 17 homicidios y haber dirigido a sus fieles en la muerte de 23 personas más, se autonombró la sacerdotisa de la iglesia de “La sagrada serpiente” e incluso manifestó que como acto de bondad decidió asesinar a los hijos de varias de las familias para que éstos no quedaran huérfanos.

Según Clementine, los homicidios correspondieron a actos vudú, con ellos deseaba mostrar a sus seguidores que la sangre derramada de sus hermanos de raza serviría para protegerlos de todo peligro. 

Pese a la incredulidad del jurado por la  historia surgida de los labios de Clementine, fue declarada a cadena perpetua, sin que esto detuviera la matanza, pues tras el juicio los cadáveres de afroamericanos continuaron apareciendo descuartizados.

La historia de Clementine Bernabet alimentó muchos años los mitos de la comunidad negra, pronunciar su nombre era sinónimo de los cuentos más temidos, uno de ellos menciona que la sacerdotisa vudú quedó en libertad en compañía de su familia y sus seguidores, murió a la edad de 103 años.

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