De Ed Gein a la masacre de Texas

El personaje con máscara de cuero y que está armado con una sierra, tiene todas las características del asesino serial de la vida real
Ricardo Ham
16/06/2017 - 05:00
 

 El superzoom al desorbitado ojo de la víctima, las ansias de dar muerte a la presa, una hambrienta familia de psicópatas; el ambiente lúgubre, la sensación del asesino real y los personajes más dementes que había visto el cine, se conjugan para que en 1973 Tobe Hooper se encumbre al realizar de manera independiente la cinta “The Texas Chainsaw Massacre”. 

A 30 años de su realización el filme se sostiene como una de las grandes películas de culto,  y además lleva a la cúspide el cine de los asesinos en serie. 

Un grupo de jóvenes, que incluye a Sally y su hermano inválido Franklin, decide tomarse un descanso en la vieja granja del abuelo, pero se enteran que los panteones de la zona no son muy seguros, pues están robando cadáveres. Los chavales se topan con la familia más desquiciada en la historia del cine, para colmo, esta dinastía resulta ser de gustos sofisticados y de vez en cuando les da por comer carne humana. 

Revestida con un halo de misterio al advertir al espectador sobre la historia real detrás del filme, resultaría obvio decir que la familia de Leatherface fue demasiado violenta para su época, pero la cinta no muestra cuerpos desangrándose o mutilados como sus posteriores imitaciones, tampoco cae en el error de proporcionarle a Leatherface características diabólicas  e inmortales.

Otra  clara diferencia entre el asesino de la sierra y sus congéneres, como Jasón Voorhes y Michel Mayers, es la presencia del deseo sexual, mientras los protagonistas de Hallowen y Friday 13 son una especie de frígidos verdugos, Leatherface, sobre todo en la segunda parte, evidencia una clara atracción sexual por una locutora de radio. Leatherface es mucho más que un niñote idiota, tampoco podría limitarse a un simple carnicero especializado en la caza y preparación de carne humana, el personaje podría perfectamente representar el permanente estado de temor en que viven los norteamericanos, la constante paranoia de quien no sabe por donde recibirá la nueva agresión. 

Fue a principio de los setentas cuando el fenómeno del asesino en serie explotó, mismos años en que la obra de Hooper sale a la luz; los responsables de la masacre de Texas son solamente un reflejo de los temores de la sociedad norteamericana que puede encontrar la muerte en manos de su vecino.

Probablemente la clave de éste terrorífico éxito sea el poner frente a frente al espectador con el gigantesco verdugo de la sierra ensordecedora. 

La cinta de Hooper y su mítico protagonista Leatherface observan de reojo cómo la industria ha sido incapaz de crear un filme comparable a éste, ni el mismo Tobe logró acercarse en la secuela realizada en 1986, ni mucho menos lo consiguió Jeff Burr al dirigir la tercera en 1989.

Pero si hablamos de secuelas vergonzosas la cuarta parte de Masacre de Texas levanta la mano (dirigida por Kim Henkel) es verdaderamente deprimente observar la transformación del mítico Leatherface en una especie de mujer gordísima que desilusionaría al más ferviente fan del personaje.

En 2003 y como celebración al 30 aniversario del rodaje de La Masacre de Texas se filma un innecesario remake bajo la batuta de Marcus Nispel; en los cines de México nunca se exhibió, los distribuidores piratas la introdujeron al país y la comercializan sin darse cuenta del interesante material que tienen en sus manos. Una interesante aportación del trabajo de Nispel es ver al gigantesco Leaherface trabajar en su máquina de coser fabricando sus asquerosas caretas de piel humana.

ED GEIN A ESCENA. El personaje de Leatherface es un extraño híbrido entre las fantasías homicidas de Hooper y el esquizofrénico serial killer Ed Gein. Hooper admitió que durante una de sus compras de pánico en época navideña, fantaseó con descolgar una sierra eléctrica y con ella abrirse paso entre la multitud. Por otro lado,  la parte del psicópata asesino que se viste con piel humana y gusta de curiosear dentro de los cementerios es una referencia directa al llamado Carnicero de Planfiel Ed Gein (1906 – 1984), un serial killer que en 1958, a pesar de su torpe apariencia, conmocionó a los Estados Unidos por su singular forma de entretenerse y de paso se convirtió en uno de los homicidas con más influencia en el cine.

A partir de su historia se han realizado dos verdaderos personajes inmortales en la cinematografía estadounidense. Norman Bates, surgido de la pluma de Robert Bloch en la novela Psicosis, retoma la esquizofrenia y dependencia absoluta de la figura materna de Gein.

En El silencio de los inocentes de Thomas Harris, el homicida en serie Bufalo Bill regresa a la fantasía del cambio de género y se confecciona un traje de mujer con piel humana al igual que Ed lo hizo. 

 

 
 
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