El sádico sudafricano

Engañaba a sus víctimas al prometerles trabajo; las golpeaba y ahorcaba con su ropa
Ricardo Ham
15/04/2016 - 05:00

Moses se alistaba para salir, su camisa limpia  y refinada corbata  ajustaban perfectamente con el oscuro y finamente delineado traje que vestía. Los brillosos zapatos y delgados calcetines completaban la vestimenta ideal para un importante ejecutivo, no podía faltar el portafolios, aunque  la costosa piel y pesados broches que no resguardaban ningún documento. Toda esa imagen era un macabro plan. 

Se apresuró a llegar a su cita donde una linda chica que había reclutado se mostraba impaciente. Cuando se encontraron y caminaron a un recóndito lugar donde Moses tenía su oficina, la muerte decidió sumarse a la caminata. 

El elegante hombre se transformó en una bestia imparable, sus puños golpearon una y otra vez el bello rostro de la víctima. La sangre manchó los nudillos del agresor, la tersa blusa de seda  de la mujer cedió fácilmente ante el ataque y la tela fue usada para rodearle el cuello a su dueña. 

Un potente y prolongado jaloneo dejó sin aire a la víctima, ella quedó a merced de Moses Sithole, quien sin el menor recato tomó el cuerpo para torturarlo y ultrajarlo en repetidas ocasiones. El mayor asesino en serie de África había llevado al pie de la letra su macabro ritual.

Aunque las noticias de asesinos en serie africanos no son comunes, el caso Moses Sithole es de conocimiento mundial. La cifra de víctimas está muy cerca de las 40, lo que lo coloca como uno de los homicidas más letales de toda la historia. 

Nacido en Sudáfrica en 1956, fue abandonado en dos ocasiones por su madre, tras una infancia llena de rechazos, él encuentra en el box y la lectura el escondite perfecto que iría formando su violenta y camaleónica  identidad. 

A los 22 años de edad agredió sexualmente a la hermana de su novia; el mismo hecho se repetiría un año después. Tras dos violaciones más, Moses es denunciado y detenido por la policía, él es sentenciado a pasar siete  años en prisión, durante los cuales recibió el más duro trato que los internos daban a los agresores sexuales, fue golpeado, violado y sodomizado en múltiples ocasiones.

Al salir libre contrajo matrimonio y procreó una hija. El hombre comenzó una vida de engaños en la que logra ganar la confianza de varias mujeres de entre 19 y 44 años, a las que les ofrecía trabajo en una fundación dedicada a cuidar niños huérfanos. A muchas las citaba en diferentes puntos de Pretoria, Johanesburgo, y East Rand, una vez a solas con ellas las golpeaba, violaba y estrangulaba con la propia ropa de la víctima, luego les cubría el rosto y amarraba de manos por la espalda.

La persecución que las autoridades sudafricanas iniciaron para detener al homicida serial fue apoyada por el ex agente del FBI, Robert Ressler, quien colaboró en la realización del perfil del asesino.

Esto dio como resultado la detención de Moses, pese a que hizo todo lo posible para desviar las investigaciones que se orientaban hacia su persona, pues llamó por teléfono a las autoridades para denunciar a un integrante de su familia como el asesino en serie haciéndose pasar por esa persona que supuestamente se confesaba como el homicida, dando datos exactos de las víctimas y el lugar donde escondía los cadáveres. 

Finalmente, en octubre de 1995, a más de un año de haber iniciado la lista de 38 asesinatos y 40 violaciones, Sithole fue capturado y sentenciado a más de dos  mil 400 años de prisión.

 

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