SIN CLÓSET: El amante bisexual

Las personas bisexuales no suelen tener buena aceptación dentro de la comunidad gay
Raúl Piña
30/10/2015 - 05:00

Este es sin duda, el personaje más controvertido de la comunidad LGBTTTI (lesbiana, gay, bisexual, travesti, transexual, transgénero, intersexual).

El colectivo gay no los ve con buenos ojos porque sus preferencias son diferentes y muy diversas.

Qué contradicción ¿no?

Si existiera un país gay, este sector sería —quizás— el más despreciado, marginado y discriminado de todos los que lo conformaran. Siguen las contradicciones dentro de un grupo que busca la igualdad, el respeto, la tolerancia y la aceptación de los demás.

Los bisexuales se caracterizan por ampliar sus opciones cuando buscan amor/placer. Las posibilidades se multiplican cuando salen en busca de pasión.

En una noche de búsqueda, pueden lo mismo conseguir un hombre que una mujer y eso los hace —a su parecer— más divertidos y menos limitados en cuanto a darle gusto al cuerpo y a sus deseos sexuales.

Una mujer bisexual puede, en una noche, cumplir el sueño cachondo de muchos hombres de tener dos viejas al mismo tiempo en la cama y realizar esa vieja fantasía sexual de los caballeros.

Un hit, si el fulano lo logra y las disfruta apasionadas. En estos casos, el hombre ‘hetero’ se remite a contemplar y gozar el deleite sensual de dos hembras llenas de pasión.

Es muy difícil —si no hasta imposible— que una mujer permita compartir a su hombre/amante/machín/picador/marido/novio con otro fulano y quedar relegada al grado de ser ignorada por ambos. Sería humillante. Al menos eso creo yo.

En el amor, a los bisexuales se les considera poco confiables.

Cuando tienen una relación con otro hombre, generalmente no se comprometen ni aseguran fidelidad absoluta. Algún día, les gustaría formar una familia y tener hijitos y salir al parque y jugar futbol con ellos.

Al final de la historia, buscarán una mujer con quién lograr esa finalidad y prometerán amor eterno y monogamia total. ¡Pamplinas! ‘No hay perro que no le tiren hueso, que no mueva la cola’.

Como dice el dicho: ‘La cabra siempre tira al monte’.

Aún casados, buscarán en lugares sórdidos y clandestinos el placer que da el roce de cuerpos duros, de sudor, de pieles ásperas y músculos viriles.

‘Perro huevero, aunque le quemen el hocico’.

La esposa/novia/amante fingirá ignorar el tema y hacer como que no pasa nada. Ambos vivirán en el engaño.

El hombre gay que se enamora de un bisexual sabe, de antemano, que las posibilidades de una relación estable son prácticamente imposibles. 

Aún así, apuestan el todo por el todo, siempre con profundo conocimiento de una derrota emocional previamente anunciada.

‘Guerra avisada no mata soldado’.

El hombre bisexual generalmente vivirá con la amargura de no poder abrirse a sí mismo. De vivir una mentira piadosa —y dolorosa— y de cargar con la frustración de no ser auténtico en su totalidad.

Siempre tendrá una inclinación más fuerte que la otra.

No ha de ser fácil vivir acompañado de demonios dentro de uno toda la vida.

Los bisexuales son como diría un amigo: como una bicicleta con una rueda más grande que la otra, pero bicicleta al fin.

 

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