¡Clarketazo!

Bastaron 90 minutos para quitarnos el sueño mundialista... Y hacernos despertar del mismo
Mauricio Clark
30/06/2014 - 16:34

Y colorín colorado...  pero la esperanza sigue latente

 

El domingo comenzó con el mejor ambiente y el ánimo a tope. Aún no arrancaba el partido y ya veía a chinas poblanas, mariachis y hasta adelitas que bien podrían pasar por meseras del Sanborns (que por cierto siempre le atinan en servirme la mejor sopa de fideos, un saludo a todas ellas).

Poco me importó que mi playera de la selección estuviera manchada de sopa, arrugada o con olor a humanidad; lo primordial era portarla.

El encuentro comenzó y de igual manera la emoción de todos subió como la espuma. Los minutos transcurrían y poco después de comenzar el segundo tiempo fue que el señor gol hizo su entrada triunfal. Los gritos llenaron todo Copacabana, en Río de Janeiro. Los aficionados corríamos como si fuéramos víctimas de lombrices y el espíritu mexicano estaba más vivo que nunca. Nos hacíamos en cuartos de final y los más aventurados (como su servilleta) ya nos veíamos como campeones del mundo.

Los minutos siguieron avanzando y mi gastritis ya no podía  más con el estrés.

Como un balde de agua fría llegó el primer gol de la naranja mecánica. Incrédulos y contrariados no sabíamos qué había pasado y precisamente en nuestra duda llegó el asesino final. Como un villano del cuento, malévolo y calculador, Robben fingió caerse dentro del área y el árbitro marcó un penal que término por refundirse en el arco de Paco Memo. Lo demás ya es historia.

Cuántas historias dejaron de escribirse, cuántas cuentas quedaron sin pagarse por gastarlo en un viaje al Mundial, cuántas parejas rotas por un marido futbolero, cuántas borracheras que ahora serán una cruda enorme y, sobre todo, cuántos corazones rotos existen hoy en todo el país.

Sabemos que el sueño mundialista para México ya terminó y que no habrá más emoción brasileira, pero toda derrota brinda enseñanzas y hoy podemos decir que tenemos una selección a la altura de los grandes, que comenzamos a creérnosla y, sobre todo, que sea cual sea el resultado, tenemos un país unido y digno de presumirse en todo el mundo.

Este cuento se ha acabado pero la esperanza en nuestro equipo sigue latente. Seguimos siendo más que once y lo seguiremos demostrando en nuestras chambas, en nuestras escuelas y en nuestro país. 

¡México! ¡MÉXICO! ¡Creo en ti! 

4,3,2,1 ¡Clarketazo

 

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