ASESINOS SERIALES

Un despiadado homicida y violador aprovechó la crisis económica de la posguerra para abusar de jóvenes y deshacerse de sus restos de una manera atroz en Alemania
Ricardo Ham
29/05/2015 - 04:00
La anciana recorría con desesperación el mercado, buscaba un trozo de carne que pudiera alimentar a sus anémicos nietos. Los rumores que se escuchaban sobre la desaparición de jóvenes alemanes no eran impedimento para que la anciana deambulara por  la calle  y rogara por comida.  
 
Alguien le comentó que un buen vecino vendía trozos de carne y salchicha casi regalados, la anciana pensó que si hablaba con él seguramente podría conseguir que le obsequiara algo para  dar de comer a sus pequeños.
 
 Con ilusión en el alma, la anciana tuvo que secarse las lágrimas al no  cumplir su cometido. Al llegar donde Friedrich “Fritz” Haarman repartía la deliciosa carne de cerdo, un grupo de policías le impidieron el paso, la desesperada mujer no logró entender las indicaciones que los policías le comunicaban, sólo logró escuchar frases sueltas en las que los agentes  hablaban de carne humana,  cuerpos desmembrados y huesos amontonados. 
 
Días después los diarios anunciaron la captura del carnicero de Hannover, culpable de múltiples asesinatos y actos de canibalismo en la   fría Alemania  de la  posguerra.
 
Después de la Primera Guerra Mundial, los habitantes de  Alemania pasaron  por momentos de  desesperación y  miseria. 
 
Los jóvenes  salían a las calles en búsqueda de cualquier oportunidad, ya fuera de conseguir un empleo o de algún descuido que les permitiera robar algo  para llevarse a la boca. Ante esto, un viejo lobo de mar llamado  “Fritz” Haarman sabía perfectamente cómo aprovechar la situación.
 
DISFRAZ DE VERDUGO. Vestido con un viejo uniforme de la gendarmería alemana, amenazaba con detener a jovencitos que robaban en las calles y la estación de ferrocarril de Hannover, los llevaba “presos” a su domicilio donde jamás volverían a mirar la luz del sol. 
 
Fritz no se tentó  el corazón para violar y asesinar a medio centenar de víctimas, muchas de las cuales terminaron en la mesa de familias que buscaban un trozo barato de, lo que ellos suponían, carne de cerdo y de caballo.
 
El 22 de junio de 1924 la policía alemana llamó a la puerta de Friedrich , la aparición de restos óseos en el río de la localidad y la denuncia de varios vecinos que alertaron sobre el interminable sonido de una sierra nocturna al interior de las habitaciones de Haarman, llevaron a los gendarmes al arresto del caníbal alemán. Ante el asombro de los presentes, Fritz reconoció haber mantenido relaciones sexuales con sus víctimas, antes y después de asesinarlas, incluso mencionó que sentía una mayor satisfacción al asesinar a quien habían mantenido algún tipo de acercamiento amoroso con él. La decapitación de “Fritz” Haarman fue inevitable, ésta llegó en abril de 1925.
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