Heroína de las trabajadoras del hogar

Los años que trabajé en casas me sirven hoy para ponerme en los zapatos de las compañeras... porque este trabajo es muy ingrato
Redacción
28/04/2014 - 22:45

Por Elizabeth Palacios

Marcelina no sabía que algún día iba a hablar frente a grandes audiencias, ni a viajar al extranjero, ni a tener que apagar su El destino de las niñas parece estar escrito con cincel en su natal Tierra Colorada, que no llega a tener 400 habitantes, y está enclavada en la región mixteca de Oaxaca. Pero ella se ha convertido, a lo largo de más de 25 años de trabajo, en defensora de los derechos de las trabajadoras del hogar de México y América Latina.

Cuando apenas había cumplido ocho años, Marcelina Bautista vio cómo una de sus primas era vendida a un desconocido. Así supo que debía salir de allí, lo hizo cuatro años más tarde, cuando concluyó la primaria.

“Quería seguir estudiando. Lo único en que podía hacer era venirme a la ciudad y trabajar en casas, porque no hablaba español; no podía aspirar a otro trabajo”.

Al llegar, en 1981, tenía apenas 14 años y sólo hablaba mixteco que no tiene palabras mágicas para abrir puertas. Pronto, se dio cuenta de que las cosas no eran como había imaginado. “Al poco tiempo supe que no me gustaba trabajar en eso y que mi sueño era estudiar, pero no tenía dinero, ni tiempo. Estudié para estilista porque pensaba que en algún momento esa sería otra herramienta para poder también trabajar”.

“Veía que a las trabajadoras del hogar se les miraba mal, vivía ese maltrato, me regañaban en lugar de enseñarme. Trabajé sabiendo que no me gustaba, pero pensé que hasta ahí iba a llegar”.

Pero no fue así, y gracias a su acercamiento con la parroquia de la colonia donde trabajaba, pudo conocer a un grupo de obreros que se reunían para hablar sobre sus derechos laborales.

Con ellos pudo reflexionar sobre la importancia que tenía como mujer y como trabajadora. Supo que su trabajo era igual de importante que cualquiera.

Marcelina tiene 47 años y está casada hace nueve. No tiene hijos, ya que “Dios decidió no dárselos”, pero durante mucho tiempo lidió con quienes la cuestionaban por ser soltera y por ser defensora de derechos humanos. “El machismo está presente en todo, rompí con todos los esquemas, pero si te pones a ver el cómo la gente cree que deberías ser, no superas nada”.

Fueron 22 años los que dedicó al trabajo del hogar y que le han dado la experiencia necesaria.

Marcelina no puede explicar cómo podía combinar un trabajo con jornadas superiores a las 12 horas con su preparación y con el activismo, sólo sabe que lo logró pues otra de las cosas que aprendió fue a darse tiempo para ella misma. 

Le pregunto cómo se ve en los próximos diez años. Sonríe, suspira y me dice: “Quisiera que las trabajadoras empezaran a asumir su liderazgo y me veo sólo apoyándolas, orgullosa de que no haya una sola Marcelina defendiendo sus derechos, sino que en cada parte del país haya alguien que levanta la voz y que toma conciencia de que hay que hacer algo; organizarnos, es estar unidas para que nos hagan caso”.





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