ASESINOS SERIALES

Richard fue un niño que huía de las golpizas que le propinaba su padre pero con el tiempo se convirtió en un temible merodeador
Ricardo Ham
28/03/2015 - 22:22
Como un verdadero perro jadeante, Richard caminaba sin rumbo en plena noche, sus ojos incendiados parecían mirar más allá de la oscuridad, el sudor que desprendía su cuerpo contrastaba por completo con la boca totalmente seca, las calles desiertas parecían presagiar lo que venía, pues serían escenario de una  historia que se repetiría, donde la música de AC/DC enmarcaría los ataques.
 
Sin dudarlo, Richard logró entrar a una casa, esta ocasión la elección fue al azar. Una vez dentro su fortaleza física y violencia desbordante no encontró nada que la contuviera. 
 
Un novel matrimonio fue el tributo que el intruso rindió a Satanás, esta vez prefirió asesinar al marido antes de violar y ultimar a la joven esposa. Los pentagramas y frases alusivas al demonio dieron el punto final a la diabólica escena. Richard Ramírez, el merodeador nocturno, cumplió con el ritual una vez más. 
 
A SALTO DE MATA. Acostumbrado a escapar, Richard Ramírez mantuvo una vida criminal y de consumo de alcohol y drogas desde los 9 años de edad, continuamente huía de casa y de las palizas que su padre acostumbraba propinar a él y a sus hermanos. Sus primeros líos con la policía fueron ocasionados por el constante consumo de marihuana y otro tipo de sustancias con las que Richard trataba de mitigar un poco el hambre. 
 
Con mayor edad Ramírez centró su carrera delictiva en el robo de mercancías y de autos hasta llegar al asesinato. 
 Richard Ramírez cometió su primer homicidio a los 24 años de edad. Su víctima fue una anciana a la que apuñaló, degolló y violó  para quedarse con sus pertenencias. A Richard le daba igual si su presa era joven o de edad avanzada, si era hombre o mujer, blanca o latina; de igual forma el modus operandi del merodeador no tenía un patrón determinado, podía usar un revolver, un puñal, un bat de beisbol o incluso sus manos. 
 
DELATOR. Tras un descuido, Richard dejó con vida a una de sus víctimas, quien a la postre reconocería el automóvil y rostro de su atacante. La historia homicida del merodeador nocturno suma 14 asesinatos, 5 intentos de asesinato, 9 violaciones, 2 secuestros y 14 allanamientos de morada.
 
Richard tuvo que  esperar turno para ser ejecutado, durante su juicio no faltaron los excesos, pues al asesino le gustaba  sonreír a las cámaras, mostrar orgullosamente el pentagrama pintado en su mano izquierda e incluso coquetear con jovencitas que asistían a la corte. 
 
Pasaron 23 años en los que Richard Ramírez esperó pacientemente su ejecución, ‘mataba’ el tiempo respondiendo las cartas que sus admiradores le enviaban, la sentencia dictada en octubre de 1989 nunca llegó a cumplirse, pues la muerte sorprendió al merodeador el 7 de junio de 2013, una insuficiencia hepática se encargó de lo que la justicia  no pudo hacer.
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