NUESTRO OFICIO

Don Arturo se sintió atraído por el arte de crear piezas de madera en un torno desde que era un niño; ahora tiene 50 años de experiencia en este oficio
Tanya Guerrero
28/01/2015 - 05:30
Los torneros se están extinguiendo. No se gana como antes y el dinero que se obtiene es lento y de a poquito. ‘Para mí las personas ya sólo se basan en eso, en querer ganar más’, dice Arturo Espinoza González, hombre de 64 años, quien junto a su torno y gubia, permanece estóico ante la incertidumbre de los nuevos tiempos.
 
En su taller, de la calle Luna en la colonia Guerrero, los años se han detenido, pero sus manos de artesano jamás y siguen trabajando para crear impecables piezas de madera tallada. 
 
‘En parte soy artesano porque trabajo con mis manos y mis propios diseños’, dice don Arturo, mostrando un cervecero de madera que creó. 
 
‘Yo empecé muy pequeño, a los siete años’, dice el tornero, recordando cómo salía de la escuela para mirar afilar la madera. De niño trataba de imitar a su padre montándose en tarimas para alcanzar la ‘pata de cabra’ y la máquina que hace girar las piezas. A los ocho, ya lo dejaban solo y a los 14, los clientes le pedían patas de cama y otras piezas que él gustoso forjaba. Poco a poco el ‘chamaco’ comenzó a ganarse la confianza que en este negocio es invaluable.
 
AUTODIDACTA. Don Arturo aprendió a formar cordones y figuras en madera viendo y comenta que no cualquiera lo puede hacer. Él recuerda que cuando empezó, torneaba en cinco minutos las figuras que ahora, en su madurez tornea en uno: ‘Me siento bien cuando me dicen que queda bonito mi trabajo. Me quedan mejor las piezas grandes que las pequeñas, pero en este oficio hay que entrarle a todo’, concluyó.
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