ASESINOS SERIALES

John era considerado como un ejemplo dentro de su comunidad que hasta se disfrazaba de payaso para alegrar las fiestas y esconder su despiadada personalidad
Ricardo Ham
26/12/2014 - 03:00

Johny regresaba de un largo día, su trabajo como contratista era más difícil de lo que aparentaba, no sólo debía manejar a varias personas sino que recibía las quejas de muchos de sus vecinos sobre los problemas del barrio. Él siempre había sido una persona muy respetada y querida dentro de su comunidad, ya fuera por sus múltiples intervenciones a favor de sus vecinos o por las innumerables horas que había actuado en orfanatos vestido como payaso.

Esa noche Johny sólo quería descansar, distraerse de lo ajetreado de la semana, al llegar a casa bajó lentamente al sótano, era su lugar de esparcimiento, nadie tenía permitido entrar en él, sólo Johny podía jugar con sus juguetes. John Wayne Gacy podía bajar a torturar, violar y asesinar a la víctima en turno.

John Wayne Gacy fue un ciudadano respetable en Chicago, no eran pocos los vecinos que lo miraban con cierta admiración, políticamente activo y moralmente intachable, era un modelo a seguir dentro de la comunidad, sin embargo, poco a poco la simpatía fue desapareciendo, eran muchos los rumores que empezaban a correr en torno a su sexualidad, se decía que eran frecuentes sus visitas nocturnas a las zonas rojas de prostitución masculina. Las sospechas sobre la doble moral de John se endurecieron cuando la policía comenzó a relacionarlo con la desaparición de varios jovencitos que trabajaron para él.

Pero, ¿cómo era posible que un hombre que daba parte de su tiempo actuando en orfanatos vestido como ‘Pogo el payaso’, pudiera tener una conducta inapropiada?

¿Cómo un hombre que había sido reconocido por la misma esposa del presidente Carter, podía ser investigado por hechos tan comprometedores como el secuestro de jovencitos?.

La respuesta no tardó mucho en llegar, a finales de 1978 Gacy explota ante la presión policiaca y declaró el asesinato, tortura, y violación de al menos 33 hombres de diferentes edades, 28 de ellos sepultados clandestinamente en el mismo terreno que ocupaba la casa de la familia Gacy, mientras que el resto fueron arrojados al río por la falta de espacio para ocultar un cadáver más.

Veinte años después, tras realizar algunos arreglos en la casa de la madre de John se encontraron los restos de 4 personas, probables víctimas de Pogo el payaso.

Tras un largo juicio de casi 14 años, John Wayne Gacy fue sentenciado a muerte para el 10 de mayo de 1994, lejos de mostrar arrepentiiento, las últimas palabras del ex payaso fueron “bésenme el culo”.

El caso Wayne Gacy resulta increíble por varias circunstancias, una de ellas es la colaboración de una médium para ubicar los cadáveres en casa del homicida, unas más es que el cerebro en formol del asesino se encuentre sobre la chimenea de la Dra Helen Norris, pero lo verdaderamente curioso, es que en la cárcel se volvió un codiciado pintor y sus obras se valuaron en miles de dólares.

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