ASESINOS SERIALES

Las decepciones amorosas y su relación con un vividor convirtieron a una mujer en una temible homicida
Ricardo Ham
26/10/2014 - 03:00

El grande y pesado cuerpo empuñó el martillo 

y lo apretó como si quisieran arrebatárselo, 

lo apretó tan fuerte que prácticamente lo fundió con su carnosa y enorme mano, no había separación, mujer y objeto fueron una sola arma homicida, cada golpe era más poderoso que el anterior, no sólo llevaban el peso de la robusta  homicida, también se nutrían del rencor, amor y odio que corrían por la sangre de la obesa enfermera Martha Beck, la asesina de la luna de miel.

Los anuncios clasificados para buscar pareja eran una práctica común en los Estados Unidos de finales de los 40, muchos urgidos por encontrar su media naranja, recurrían a éstos de manera inocente, jamás hubieran pensado que un par de regordetas manos asesinas se encargarían de responder las desesperadas cartas de amor. Martha Beck era una asidua usuaria de los anuncios amorosos, a pesar de sus escasos 26 años de edad, se sentía demasiado sola, su vida romántica había resultado un fiasco, su hermano la violó y su esposo la abandonó aún cuando ya tenían una pequeña hija dentro de su matrimonio; múltiples fueron los intentos de Martha por encontrar un romance, pero cuando el destino puso en su camino a un latin lover llamado Ray Fernández, todo cambió. 

Ray y Martha se conocieron en Florida el año de 1947, él había encontrado su modus vivendi a través del robo y engaño de mujeres solteronas que contactaba mediante los anuncios clasificados; ella creyó que Fernández era el príncipe azul que la salvaría de su modesta vida como enfermera y madre soltera.  Martha era una mujer muy diferente a las que Ray acostumbraba engatusar, de carácter fuerte y chantajista fue capaz de abandonarlo todo, incluyendo a su pequeña hija, para seguir los pasos de Ray. Sin embargo, el modus vivendi de Fernández no podría dar paso a una relación formal como la que Martha deseaba, la extorsión y el fraude no suelen ser compartidos. Para sorpresa de todos, Martha aceptó sin tapujos los negocios de Ray, incluso se ofreció a ser parte del engaño haciéndose pasar por la hermana de Fernández y por ende “cuñada” de la desafortunada en turno.

Martha Beck y Ray Fernández recorrieron el país enamorando y robando a mujeres confiadas, en ocasiones con vaciar las cuentas bancarias y cobrar uno que otro seguro era más que suficiente, pero en otras, cuando las cosas se ponían complicadas, la pesada mano de Martha entraba al quite, terminaba rápidamente con el problema, ya fuera con un par de pastillas mal recetadas o mediante la presión de sus más de 100 kilos de peso sobre los frágiles cuerpos de sus víctimas fatales.

Pero toda historia de amor enfermizo conlleva un final amargo, los terribles celos de Martha comenzaron a interponerse en el “negocio”  cuando notó que Ray Fernández se encariñó de más con una de sus recientes conquistas, Beck cegada por la decepción decidió denunciar al latin lover con las autoridades, a pesar de que eso significaría la pena de muerte para ambos amantes; en la retorcida mente de Martha, era mejor tenerlo encerrado lejos de cualquier casquivana que pudiera ofrecerle sus encantos a Ray.

 

Los asesinos de la luna de miel fueron ejecutados en la mítica prisión de Sing Sing en marzo de 1951, su historia de amor ha trascendido más allá de la vida terrenal pasando a la historia como los homicidas más enamorados de la historia moderna. 

 

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