VIDAS CALLEJERAS

Édgar nunca se ha dado por vencido y aprovecha la habilidad de sus manos para crear obras de arte en el corazón de la capital del país
Paola Ascencio
24/09/2014 - 03:00
Édgar Rivera se sienta todas las tardes en un  esquina del Zócalo de la ciudad de México. Con gran habilidad y precisión, sus manos construyen figuras brillantes creadas con un pedazo de papel aluminio. Y es que este artista del papel deposita su esperanza para caminar de nuevo en las centelleantes figuras que elabora.
 
Proveniente de Guadalajara, Édgar asegura que su capacidad para hacer las figuras le viene desde que era niño. 
Con plastilina y migajón, sus pequeñas manos se enseñaron pronto a moldear diferentes materiales que daban vida a seres fantásticos. Pero hasta que fue adulto se percató de su destreza para construir figuras con papel aluminio.
 
"Yo tenía un negocio de venta de celulares, y  una vez mandé pedir tortas para los empleados. Estaban envueltas en papel aluminio y al final quedó todo ahí. Durante una plática con una amiga sobre religión, tomé el papel y comencé a moldear un Cristo. Esa se convirtió en mi primera figura",  cuenta Édgar.
 
Para este hombre, la vida giraba en torno a su familia y su negocio; sin embargo un accidente le arrebató a sus seres queridos, y la posibilidad de caminar. A partir de ahí, se vio envuelto en un proceso legal donde perdió también sus bienes materiales. Quedando en situación de calle.
 
"Acabé en la calle, y mal. En ese entonces, la misma amiga a la que le hice el Cristo, me encontró afuera de un Metro. Me recordó mi habilidad, me compró un rollo, y me inyectó ganas de vivir. Así comencé a vender mis figuras en Coyoacán", añade.
 
Después de fabricar sus productos en la Alameda, decidió cambiarse de lugar. Para su fortuna, la Secretaría de Cultura del Distrito Federal,  le brindó su apoyo, y con un permiso para colocarse en el lugar de su preferencia, se ha cobijado al calor del brillo de sus figuras en el centro de la ciudad. 
 
Sus manos transmiten sus conocimientos en mitología, literatura y pintura, por eso crea desde elefantes del tamaño de un pulgar, hasta "depredadores" de dos metros de alto. Sus figuras atraen a decenas de personas, quienes eligen en un álbum de fotografías entre los diferentes personajes que Édgar logra concebir. 
 
Con el fin de costear algún día la operación que necesita para volver a caminar, Édgar Rivera seguirá sentado todas las tardes bajo los arcos de la Plaza de la Constitución. 

 

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