ASESINOS SERIALES: El arropiero asesino

El hombre aprovechaba su fortaleza para golpear y asfixiar a mujeres con su propia ropa interior
Ricardo Ham
24/07/2015 - 03:30

Manuel dudaba en acercarse a ella. Llevaba mucho tiempo observándola, admirando su franca belleza, no podía evitar sentir un fuerte deseo por la blancura de su piel y sus prominentes senos, suspiraba tan solo al mirar los labios perfectos y la exactitud de  sus delgadas manos. En su mente se recreaban momentos no vividos con ella,  imaginaba cómo sería llevarla del brazo y tomar su mano, escucharla hablar y sonreír ante todo lo que dijera, por fin dio unos pasos hacia ella, quiso llamar su atención, trató inútilmente de que sus miradas se encontraran, desesperado se apresuró a mirarla de frente, recordó que hasta hace unos momentos su cuerpo estuvo con vida, antes de que él mismo decidiera asesinarla sin motivo aparente, aun así decidió poseer su cuerpo, ya lo había hecho antes, ese era uno de los sellos distintivos de Manuel Delgado Villegas, el más prolífico e inexplicable  de los asesinos seriales de la península ibérica.

Proveniente de una familia de arropieros, es decir, comerciantes de un endulzante tradicional español parecido a la mermelada o al agua miel, Manuel Delgado tuvo una infancia complicada plagada de golpizas y burlas en su contra.

Debido a su corta capacidad intelectual, nunca aprendió a leer ni a escribir, pero pronto supo que la única vía para sobrevivir era siendo más violento que sus agresores, utilizó el miedo como defensa y perfeccionó la técnica durante  un fugaz paso por las fuerzas armadas españolas, esto sin duda le aportó la sangre fría necesaria para poder aniquilar a cada una de sus víctimas.

 Tras dejar el ejército comenzó a vagar por España y Francia, sin que ninguno de los poblados por los que pasó se librara de su impulso criminal.

La confusa carrera delictiva de ‘El Arropiero’ se comenzó a gestar con agresiones menores y cargos de proxenetismo y migración ilegal. Pero el caso  no quedó ahí, Manuel Delgado se convertiría en el asesino ibérico más relevante de la historia. Según sus propias declaraciones, asesinó a 44 personas, aunque sólo se corroboró la mitad de las identidades de estas víctimas. Muchas de ellas fueron mujeres con quien tuvo algún tipo de relación sentimental o sexual, ya fuera vivas o muertas, pues la necrofilia era un sello particular.

MÉTODO. Manuel asesinaba con piedras, sus puños o asfixiando a las víctimas con su propia ropa interior, jamás pudo ser sometido a juicios pero pasó 27 años tras las rejas, de enero de 1971 a febrero de 1998, la mayoría de ellos en el Hospital Psiquiátrico Penitenciario de Carabanchel,  ubicado en Madrid.

Cuentan las anécdotas que ‘El Arropiero’ se sentía muy molesto al no ser el mayor homicida en su momento, pues el granjero mexicano: Juan Corona, lo superaba, por ello Manuelpedía que lo liberaran para no quedar en segundo lugar.

Finalmente, su muerte se dio el 23 de enero de 1998 por enfermedades relacionadas al consumo de tabaco, por lo que ‘El arropiero’  se llevó a la tumba el número exacto de víctimas fatales que sucumbieron ante sus poderosas manos.

 

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