ASESINOS SERIALES

David cazaba a parejas por las noches en las calles del Bronx, al ser capturado argumentó que un demonio le ordenó cometer sus crímenes
Ricardo Ham
23/01/2015 - 04:30
David intentaba hacer el menor ruido posible sobre la hierba seca, prácticamente p isaba con las puntas y se abría camino entre las plantas con sus toscas manos, no deseaba ser visto por nadie, como si su grande y pesado cuerpo pudiera pasar inadvertido. Aquel rincón apartado de Nueva York era su territorio, toda pareja que buscara un rato íntimo en el lugar sería observada fijamente por David, no dudaría ni un instante en castigar a los pecadores, nada le impediría vaciar el cargador del revolver calibre 44 sobre el rostro de sus 
víctimas.
 
VOZ INTERIOR. El caso de David Berkowitz resulta por demás interesante, aunque la esquizofrenia es un padecimiento común en la historia  del asesinato serial, Berkowitz lo llevó a niveles de escándalo al declarar que los homicidios de los que se le inculpan fueron ordenados por un demonio con más de 5 mil años de edad,  el espectro decidió reencarnar en un enorme perro labrador llamado ‘Sam’ que cada noche ordenaba a David saciar su sed de sangre y ser la mano ejecutora de los homicidios que estremecieron el Bronx a mediados de la década de los 70.
 
David asesinaba por las noches a jóvenes parejas que compartían caricias al interior de sus automóviles, solía enviar mensajes a los medios de comunicación rogando ser detenido, incluso se dice que la captura del homicida serial fue ocasionada por él mismo, al dejar a propósito una multa de tránsito en plena escena del crimen.
 
Pero con el paso del tiempo, la historia dio un giro de 180 grados, David Berkowitz dejó entrever su participación en una secta religiosa extrema, declaró que dicha agrupación fue  la responsable de los homicidios y que incluso trató de eliminarlo cortando de tajo su garganta en plena cárcel.
 
Otros casos emblemáticos también contaron con la participación de sectas como los asesinos en serie, Charles Manson y  Henry Lee Lucas, así como las muertes de John Car y Ronald Sisman, que no se han resuelto.
 
A casi cuatro décadas de distancia, Berkowitz, intenta dejar atrás la  historia de homicidios y sectas; hoy es  pastor cristiano, se autonombra el “Hijo de la Esperanza”, predica y oficia misas en prisión y propaga mensajes religiosos en internet.

 

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