SIN CLÓSET: “Cómo disfrutar el sexo anal”

Georgina me toma de los hombros, me zarandea al tiempo que casi me escupe en la cara:
Raúl Piña
22/01/2016 - 06:00
“¿Por qué nunca me dijiste que el sexo anal era riquísimo, grandísimo cabrón?”.
 
Lo único que puedo decir es que ‘como en la feria: cada quien habla de cómo le va en ella’. No todas las experiencias son iguales. Algunas son placenteras, otras, no tanto.
 
Al igual que Georgina, muchas y muchos andan por ahí preguntando si es doloroso, si es incómodo, si es correcto, si es peligroso, etc.
 
Les daré algunos tips considerando que no todos los cuerpos son iguales, ni todas las parejas están listas para este tipo de prácticas, ni todas las mentes están abiertas a la posibilidad. 
 
Y va igual para hombres y para mujeres.
 
1. Relájate y de ser posible, échate unos alcoholes para aflojar el cuerpo y no pensar tanto en si es o no doloroso. Dicen por ahí que las mujeres se tatúan cejas, labios y párpados, se quitan costillas, se hacen la lipo, se inyectan bótox y colágeno, se hacen madre y media, ¡ahhh! pero les pides el culo y dicen que por ahí no, porque duele mucho. 
¡Aguanten como las meras machas!
 
2. En la mayoría de las ocasiones esta “invitación” ocurre en situaciones ya listas para el ataque. Es decir, ya estamos de modo para coger y pues las precauciones, rara vez son tomadas con anticipación.
 
Una lavativa (enema) siempre es recomendable para evitar “accidentes” que puedan apenar a quien lo recibe y un poco de incomodidad a quien penetra. Una lavadita interna hasta que el agua salga transparente siempre será una tranquilidad. Lo puedes comprar en cualquier farmacia.
 
3. Relajar la mente y el cuerpo. Pedir a nuestra pareja que, con cuidado, penetre con uno o dos dedos el ano (usando lubricación es mejor, saliva o productos comprados en farmacias o ya de plano vaselina o crema humectante) y poco a poco ir ‘abriendo’ el caminito. Esta sensación es placentera y de mucho cachondeo. La mayoría de la veces quien va a ser penetrado es quien lleva el control de hasta dónde los dedos pueden llegar y
qué tan profundo.
 
4. Ya entrado en gastos, busquemos la posición adecuada. Piernas al hombro es la mejor porque el miembro entra completamente y el placer es mayúsculo. Sentarse en el pene, ya sea de frente o de espalda te ayuda a llevar el ritmo y el control de la penetración. En el caso de los hombres, el estar de frente permite a nuestra pareja manipular nuestro miembro al mismo tiempo y estimula de mayor manera el placer. 
 
Besos son opcionales, ya que estás en la tarea de que no te duela. De a perrito, es quizá la más socorrida, porque se asocia más con el sexo anal. Para el pasivo (el que recibe) es el verdadero paraíso, porque se llega a los umbrales de la gloria cuando el pene toca la próstata. ¡Ahhhhhh! ¡Ohhhhh! ¡Dioses del Olimpo y espíritus santos!
 
5. La penetración debe ser con calma, con suavidad y sin prisas ni exigencias. Lo más difícil es, quizá, cuando entra la cabeza del miembro y es ahí donde quien penetra debe esperar unos segundos, porque de dejarla ir de chingadazo puede lastimar a su pareja y recibir un codazo, una patada o una mentada de madre, acompañada de gritos e insultos mayores.
 
Una vez que la ‘cabecita’ entró, el pasivo se relaja, respira hondo, aguanta unos segundos y es quien da ‘luz verde’ para continuar.
 
Las siguientes arremetidas deben ser lentas y sutiles, hasta llegar al embiste agresivo (depende de quien recibe) y el goce mutuo hasta llegar al orgasmo, de ambas partes.
 
Se cree —erróneamente— que es el activo el que disfruta más, porque está penetrando, pero se ha llegado a la conclusión de que es el pasivo el que usa a su antojo al otro para recibir placer. La eyaculación puede llegar primero en el que está arriba, porque está mete y saca, mete y saca, y puede que termine antes.
 
Muchos pasivos, por el simple hecho de estar recibiendo lo que les enloquece, se vienen primero y es muy probable que al llegar al clímax ya no puedan más y saquen el miembro del activo y lo ayuden a terminar usando otras técnicas, como sexo oral o masturbación. Hay quienes usan juguetes para estimular, la lengua (el famoso beso negro), las manos, verduras, otros lo que se les viene primero a la mente.
 
El sexo anal no es un pecado ni es una aberración, ni es de pervertidos, ni es para asustarse. Es una opción más que tenemos en el abanico sexual y es libre de hacerse entre dos personas adultas y que estén de acuerdo.
 
Disfruten mucho, usen mucho lubricante, condones, imaginación, para pasarla rico y sin prejuicios.
 

 

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