ASESINOS SERIALES

Harvey aprovechaba las ilusiones de las jóvenes que deseaban convertirse en modelos para acercarse a sus víctimas
Ricardo Ham
22/01/2016 - 06:00

Harvey miraba con añoranza el cuerpo de esas mujeres, su belleza y el glamur que las envolvía parecían inalcanzables para alguien como él. Ese mundo de moda y fama lo atraía cual queso al ratón, sin embargo, era consciente de que no pertenecía a ese exclusivo círculo, que su forma de vida estaba muy alejada a la más mínima gota de popularidad que ahí se transpira.

Tendría que ser muy inteligente para pertenecer a él, debía ser creativo si quería acercarse por lo menos a esas mujeres que en más de una ocasión le habían brindado el desdén de su mirada. 

La invención de un mundo propio con llamados para entrevistas y sesiones fotográficas fue la puerta de entrada a la vida de esas modelos. Sabía que las consagradas eran inalcanzables, las novatas estarían dispuestas a todo para beber las mieles del éxito, incluso dispuestas a ingresar al departamento de un fotógrafo desconocido, con la promesa de la portada de alguna revista inexistente. 

El ojo detrás del lente era el último que gozaría con la belleza de las jóvenes aspirantes a modelos, no volverían a salir del departamento de Harvey Glatman “El asesino de modelos” en Los Angeles.

Harvey Glatman nació en el seno de una familia judía del Bronx, su infancia se vio rodeada de cruentas burlas por la supuesta fealdad de su apariencia. Desde su adolescencia se vio envuelto en pequeños asaltos a mujeres para toquetearlas y tomarles fotografías. En 1945 pisó la cárcel por vez primera. En esa ocasión fue acusado de secuestro y abuso sexual, lo que le valdría ocho meses de prisión.

Gracias a su apego y buen manejo de la cámara fotográfica, Harvey se especializó en modelos. Durante años contactó con sus víctimas a través de los periódicos y las agencias de modelaje, sus víctimas fueron mujeres jóvenes que soñaban conquistar el mundo del modelaje y la actuación, todas sin experiencia en la vida del glamur, y que sabían perfectamente que cualquier oportunidad debía ser aprovechada, lo que dio a Harvey cierta ventaja para poder engañarlas y atraerlas a su departamento. Asesinó a tres jovencitas y violó un número indeterminado de ellas, para después arrojar sus cuerpos al desierto.

La cuarta víctima mortal de Glatmnan estuvo a punto de llegar en 1958, pero la policía lo capturó en pleno intento de secuestro, al verse acorralado declaró los tres homicidios anteriores y mostró a los agentes las decenas de fotografías que había tomado a sus víctimas, tanto en vida como después del estrangulamiento y violación. 

El fotógrafo fue encontrado culpable de cargos de asesinato en primer grado, los exámenes psicológicos realizados en la cárcel arrojaron un diagnóstico de comportamientos sadomasoquistas, mismos que le habían determinado durante su primera instancia enclaustrado en la correccional de Sing Sing.

Tras la confesión y condena, Harvey fue ejecutado en la cámara de gas de la prisión estatal de San Quentin State, el 18 de septiembre de 1959.

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