VIDAS CALLEJERAS

Desde hace más de medio siglo Andrés adiestra a las aves que mantienen viva una tradición ligada a la buena suerte
Paola Ascencio
21/01/2015 - 04:30
Andrés Linares camina todos los días con su mesa y una jaula de madera para llegar a trabajar. Las coloca  frente al Bosque de Chapultepec y cuidadosamente desliza y quita la tela que cubre la casa de Panchito y Juanito. Se prepara para laborar y espera de pie junto  a sus aves para atraer a sus clientes. Y es que este hombre, trabajador por tradición, se apoya en su oficio de pajarero para salir adelante. 
 
Cuenta que ya lleva 30 años en el mismo lugar, y aunque los tiempos han cambiado, aún espera con ansias atraer a algún visitante.
 
HEREDA OFICIO. Dice que lo aprendió de su papá, que también era pajarero, por eso a sus 55 años sigue con el trabajo que comenzó a los 17.
 
 A diario, Andrés elige a dos de sus ocho aves para salir a trabajar. Toma unos puñados de alpiste, los mete en los cajones de su mesa de madera y coge entre sus manos al par de alados, para colocarlos cuidadosamente dentro de una vieja jaula  que él mismo talló, pintó y barnizó. 
 
Platica que  los protege mucho, pues finalmente sus pajaritos son “los que le dan de comer”. Los cuida, procura y  mantiene sanos para que vivan más de siete años en promedio. 
 
Aunque la gente pueda pensar mal de su trabajo, asegura que él intenta mantener vivo este oficio  que  su padre empezó, el mismo empleo que antes podía verse comúnmente por  las calles de la ciudad.
 
“Son cosas de la familia que van de generación en generación. Mi padre fue pajarero, entonces uno sigue la tradición. Y aunque se ha ido perdiendo por muchas causas y ya casi no hay, uno intenta salir adelante y trabajar para que no se olvide el oficio”, añade Andrés.
 
ADIESTRA A SUS AVES. Todos los días a las 11 de la mañana, saca a sus ‘volátiles’ animales para que “les dé el aire”. Los deja sobre su mesa y les ofrece agua. Se las cambia constantemente y también les da de comer para que estén saludables, les enseña trucos y se apoya en ellos para laborar. 
 
Mientras Andrés les muestra una diminuta caja con cerca de 50 papelitos que prepara todos los días, —al sonoro sonido de su cantar—, amor, trabajo o fortuna se toman del pico del animal. Es un consejo, pues aunque su labor de pajarero de la suerte está en el azar, cada papelito contiene frases que pueden aplicarse en los problemas de la vida diaria. 
 
“Yo creo mucho en la suerte, por eso siempre cargo con talismanes o amuletos. Pero de mi trabajo, me emociona que ellos saquen sus cartitas, que hagan sus trucos y que la gente sonría y quede a gusto”, añade Andrés.
A las cuatro de la tarde termina su jornada laboral. Pues afirma que los pájaros  necesitan descansar.

 

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