ASESINOS SERIALES

Cayetano mostró su instinto asesino desde que era un niño, con el tiempo comenzó a torturar y privar de la vida a otros pequeños
Ricardo Ham
20/03/2015 - 04:00
Mirarlos pasar pudo generar ternura a cualquier transeúnte. Que una pareja de niños caminaran solos por la calle tomados de la mano, podía incluso generar un sentimiento de protección. Santos contaba con tan sólo 7 años y Miguel apenas alcanzaba los dos años de edad.Sin cambiar el rumbo, los dos caminaron hasta perderse entre la muchedumbre, Santos soltó la mano del pequeño, se detuvo mientras Miguel continuaba su camino,  al tenerlo a la distancia necesaria lo derribó y golpeó en el suelo, sus diminutos nudillos no harían daño a un adulto, pero sí a su víctima.
 
 La desesperación y excitación de Santos lo llevó a idear algo más mortífero, buscó algún objeto que le permitiera hacer más daño, una piedra, un palo, algo que le diera una sensación de superioridad, al descargar todo su enojo contra Miguel. 
Sin lograr satisfacer su violento frenesí, Santos arrojó al niñito a un montón de hojas con espinas que le rasguñaron la piel.
Así iniciaba la historia de un menor que se convirtió en uno de los primeros asesinos seriales latinoamericanos: Cayetano Santos Godino.
 
A inicios del siglo pasado, la ciudad de Buenos Aires presenció la aparición del primer asesino en serie del sur de nuestro continente, Santos, apodado como ‘El Petiso Orejudo’, inició su carrera delictiva a los 7 años con la golpiza que propinó al pequeño Miguel Depaoli. 
 
A los diez años cometería su primer ataque letal, cuando estrangula y entierra a una niña de 3 años. 
Pese a que nunca se encontró el cadáver de la pequeña, los padres de Santos comenzaron a observar actitudes extrañas en el menor, descubrieron varios animales muertos debajo de su cama  y después tuvo que abandonar la escuela por  una serie de incidentes violentos. 
 
Al vagar por la calles de Buenos Aires, Godino usó por primera vez el fuego para quemar los párpados de un menor de 22 meses de nacido. Hartos de la conducta del ‘Petiso’, sus padres lo entregarían al reformatorio de donde salió años más tarde convertido en un terrible criminal. Sin una real rehabilitación, Godino cometió otros 4 homicidios y un sinfín de intentos de asesinato y agresiones, otra vez tras las rejas, atacó a dos internos inválidos. 
 
Cayetano Santos Godino desataría la furia de sus compañeros en prisión cuando arrojó al fuego a un gato que servía de mascota a los presos, esto provocó que los prisioneros, le dieran una tremenda golpiza que finalmente lo llevaría a la muerte el 15 de noviembre de 1944.
 
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