LA BANQUETERA

Una fonda ubicada en la Merced ofrece deliciosos insectos que preservan el sabor de la cocina prehispánica
Paola Ascencio
20/02/2015 - 04:30
En este conocido local, la comida exótica se convierte en un manjar. Con precios bajos e ingredientes singulares, ‘Restaurante Bar Chon’ ha cautivado a sus clientes desde hace poco más de 70 años. 
 
Y es que en este restaurante donde se sirve  gran variedad de insectos y animales, hasta el más quisquilloso cede ante la rica sazón de sus platillos especiales.
Fue en el corazón de la capital donde nació este lugar en 1924. Se llamaba “Fonda Don Chon” y siempre ha estado escondido en el barrio de La Merced. Encarnación Reyes García siempre ha estado al mando de este restaurante. Primero servía desayunos a bodegueros, campesinos y a gran parte del Centro de la ciudad, pero fue con la experiencia de don Fortino, que sus ricos guisados adoptaron una sazón más elaborada.
 
 Así, su comida prehispánica conquistó la fama de este lugar. Con insectos cocinados, carne de venado, jabalí, pejelagarto, cocodrilo, pato y codorniz preparados, don Chon revolucionó durante décadas  las sazones del Centro.
 
 Ahora con un nuevo nombre y un menú más amplio y mejor preparado, frente a donde estaba originalmente, este viejo restaurante atrae a cientos de clientes de antaño que lo han seguido desde hace años. Pero también a los nuevos, quienes buscan degustar la cocina poco convencional. 
 
Desde la entrada puedes notarlo. Y es que en cuanto ingresas a su reluciente restaurante, un característico olor te envuelve inmediatamente. Penetrante pero cautivante, su aroma te invita a probar de su extensa carta; unas ricas tostadas de pejelagarto, el cual preparado en una pasta de ajo, cebolla y chile, tiene un gran parecido con el sabor del ceviche.
 
Su panucho de venado, por 30 pesos, te brinda un rico plato de maíz cubierto con frijoles, carne deshebrada y bañado en rica salsa de la casa.
Pero de su serie de platillos únicos en sabor, son los insectos lo más sobresaliente de su afamado comedor.
 
Aunque no son difíciles de cocinar, es la sazón y el toque de este chef pionero de la cocina antigua latinoamericana, la que acrecenta su popularidad.
Todo lo prepara él mismo. Se mete a su cocina y sus ayudantes sólo le van dando lo necesario. Ahí se transforma y las viejas manos temblorosas con las que te recibe, se vuelven activas y vigorosas. 
 
Asando, partiendo y condimentando, el resultado está en sus sabrosos gusanos de maguey crujientes y tostados, en los codiciados escamoles a la mantequilla, brillantes acociles bañados con mezcal o  su más reciente platillo, los carneritos, que —negros y apachurrados— crujen  al masticarlos.
 
Pero de todos sus insectos, son sus chapulines rojizos,  bien dorados, la sensación de “Restaurante Don Chon”, siempre acompañados con guacamole fresco recién preparado y con suaves tortillas calientitas de maíz que contrarrestan la crujiente textura de los deliciosos insectos. Y aunque en otros lugares el plato cuesta caro,  aquí puedes obtenerlo por mucho menos.
 
Además, para darle más sabor, puedes pedir junto a tus platillos, una fresca y rica agua de jamaica o unos fríos curados de pulque de guayaba, piña y coco.

 

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