Sentían pasión desbordada

“Todos bajan la mano un poco para sentir la curvatura de las nalgas”
19/12/2015 - 13:10

Jeremías Taylor y su amada Marimar Campirana no pueden dar crédito a lo que ven sus ojos. 

Sobre el Condominio Horizontal, entrada por ambos lados, un inmenso enjambre de moscas oscurece el cielo. Son las mismas que han picado a Zacarías Taylor para extraerle el poderoso elixir que acaba de beberse. Tal vez sea necesario explicar un poco.

Jeremías y Marimar son entomólogos, especialistas en insectos. Tras dedicar su vida entera a encontrar un raro espécimen de mosca afrodisiaca, por fin lo consiguieron. Lograron reproducir su veneno. Decirle veneno es injusto. Nada tenía de peligroso. Al contrario, provocaba una inmensa necesidad de follar. Era el afrodisiaco más poderoso del mundo. 

Tanto, que dos sujetos muy racionales como Marimar y Jeremías, no dejaban de sentir una pasión desbordada entre ellos. El problema es que salieron de su casa y Zacarías se bebió todo el elixir. 

Ahora, las moscas lo han picado y huyen. Eso puede ser catastrófico o bienaventurado. A saber qué pasaría si todos los seres humanos nos contagiamos de pasión sexual. Y es justo lo que Marimar se pregunta y las moscas vuelan durante poco tiempo. 

Pronto una parvada tan grande como el enjambre aparece en el cielo. La oscuridad es casi total. Para cuando los pájaros se retiran, ya no debe quedar ninguna mosca en el aire. Si acaso una perdida que servirá para abonar en la leyenda de un insecto tan poderoso como ése. 

Como Marimar y Jeremías son entomólogos y no ornitólogos, no se preocupan por las aves. Si acaso, se sorprenden porque, de pronto, regresan para llevarse a Zacarías volando hacia el cielo. 

Abajo queda un panorama sorprendido. Hay quince de las mujeres más hermosas del mundo en el Parque del Pasamanos. Están completamente desnudas y se caen de buenas. Más aún, tienen muchas ganas de follar. 

Algunos vecinos se acercan con timidez. Saben que bien podría ser su día de suerte. Cuando Paco Cantarela clava su mirada en medio de la anatomía de Ami Tan, una hermosa tailandesa, sabe que será una noche larga. Sobre todo porque ella sonríe y porque sus pezones se ponen duros de inmediato. Paco Cantarela no duda en desnudarse. 

—¡Un momento! —, grita una voz fuerte. Es Dionisio Serón, el famoso coreógrafo de las estrellas—. Si vamos a hacer esto vamos a hacerlo bien. 

Como si fuera el casting para una telenovela, elige a trece muchachos, además de Paco Cantarela. 

Les ordena que se desnuden. Mientras lo hacen, forma a las mujeres en una fila. 

—¿Dónde está la música? —, grita desesperado.

Apenas un par de segundos más tarde, se comienzan a escuchar los acordes de un vals. Dionisio Serón hace las parejas. Se sube a lo alto de un promontorio y va marcando los pasos. Aun cuando los treinta jóvenes mueren por follar, algo los obliga a seguir indicaciones. 

Así, giran al ritmo de un vals que deja sus cuerpos separados. 

Paco Cantarela no puede dejar de admirar las tetas de Ami Tan. Hace lo posible para que, en los giros, la puntita de su miembro roce con uno de los flancos de la tailandesa. Cuando está a punto de desesperarse, la música cambia. Una cumbia los deja pegaditos. Tanto Cantarela como los otros catorce hombres sienten cómo un par de tetas se aprietan contra ellos. Todos bajan la mano un poco para sentir la curvatura de las nalgas. Sienten la presión de un vientre empujando hacia abajo sus potentes erecciones. Varias de las mujeres recargan sus cabezas en los hombros de sus parejas. 

Dionisio Serón se deshace en indicaciones. Sobre todo cuando llega una polka que los hace saltar a todos. La música disco tampoco ayuda. Mucho menos el rock de los 80. 

Cuando los acordes del primer bolero llegan, todos dan un respiro. Así, en medio de la música que escuchaban sus padres, justo en el momento en que Dionisio lo indica, cada uno de los hombres penetra a su mujer. Cantarela siente cómo lo recibe una humedad inusitada. 

Si por él fuera, así se quedaría el resto de la tarde. Follando, despacito, sin prisas. Sin embargo, pronto se escucha un reggaeton brutal. 

Las quince muchachas giran al mismo tiempo, ofreciéndole las nalgas a los quince hombres que, a una indicación de Dionisio Serón, las penetran por detrás mientras les dan de nalgadas. 

Los primeros aullidos de placer se escuchan en el Condominio. Jeremías Taylor sigue con la mirada perdida en el punto donde desapareció su padre. Marimar lo interrumpe con una propuesta que nadie podría rechazar.

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