El alcohol y el volante no se mezclan | PADRES AL BORDE DE UN ATAQUE

Aunque parezca historia vieja esto es una realidad y más vale “asustar” a nuestros [email protected] a lamentarnos por ser “blandos”
Redacción
19/01/2016 - 08:59

Por Irma Gallo

El hijo de una conocida murió a los 25 años. Era el hijo único de una madre soltera. Salieron de una fiesta una madrugada; su novia iba manejando y por huir del alcoholímetro se pasó un alto en una avenida principal; un camión que venía del otro lado de la calle los arrolló. Sólo él murió.

A la hija adolescente de una artista conocida la atropelló su mejor amiga. Era de noche y la acababa de dejar en su casa, pero cuando metió la reversa no se dio cuenta de que ella se había regresado porque había olvidado su bolso en el asiento trasero. Murió instantáneamente.

Hay demasiadas historias en las que conducir bajo la influencia del alcohol determinan un destino triste: unas terminan con la muerte; otras, con personas que no volverán a caminar nunca más; muchas, con alguien en la cárcel. 

Los accidentes. En 2011, 34.7% de las 5 mil 473 muertes por accidentes de tránsito que hubo en el país fueron de jóvenes, de entre 15 y 29 años, según el Tercer Informe sobre la Situación de la Seguridad Vial. México 2013, de la Secretaría de Salud.

Según el informe Accidentes de tránsito y consumo de alcohol de la Secretaría de Seguridad de Morelos, “en la mayoría de los países de ingresos medios y bajos, entre el 33% y el 69% de los accidentes mortales y entre el 8% y el 29% de los lesionados se relacionan con el consumo de alcohol”.

Desde que se implementó en la Ciudad de México el programa Conduce sin Alcohol (el famoso alcoholímetro), el 19 de septiembre de 2003, hasta el mismo día del 2015, o sea, 12 años después, 172 mil 705 personas habían sido remitidas al juzgado cívico por conducir bajos los efectos del alcohol.

¿Qué hacer? Ya sea que sus [email protected] adolescentes tengan permiso de conducir o licencia, o peor aún, manejen sin ninguna de las dos, es muy importante que sepan lo grave que puede ser hacerlo si han bebido alcohol o consumido drogas. 

Ya hemos hablado en columnas anteriores de cómo a los adolescentes no les gusta que les digamos directamente “no hagas esto”, y por lo general suelen hacerlo con más ganas sólo para contradecirnos, así que mi recomendación es contarles, como no queriendo, historias de cómo termina el consumo del alcohol cuando se mezcla con el volante para que se les quiten las ganas de intentarlo. Sí, por feo que se escuche: es mejor “asustarlos” que tener que lamentar haber sido blandos. 

Y si no manejan, también es necesario tomar precauciones: si van a salir de noche y dicen que sus [email protected] [email protected] llevarán a casa, díganles que mejor ustedes lo harán. Sí, ya sé que da mucha flojera salir a la 1 de la madrugada (o a la hora que hayan establecido como límite) para recogerlos, pero créanme: no se arrepentirán.

Y si [email protected] adolescentes se niegan a “pasar la vergüenza” de que los vean llegar y retirarse en el carro de sus padres, sólo hay una respuesta: entonces no salen. Así de difícil, así simple. Quizá al principio les cueste trabajo, pero si se mantienen firmes en esta posición, todo saldrá bien y no tendrán nada de qué arrepentirse.

 

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Gracias a editorial Océano tenemos ejemplares de Bienvenido dolor, de Pilar Sordo, para los 3 primeros lectores que nos escriban y nos cuenten qué temas quieren leer en esta columna. Nuestro correo es: [email protected] ¡Apresúrense y mucha suerte!

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