VIDAS CALLEJERAS

El llamado oficio más antiguo del mundo requiera de un carácter especial y hasta de la seducción hacia los clientes, según cuentan algunas mujeres que lo llevan a cabo
Tanya Guerrero
18/06/2014 - 03:00
Para ligar a un chico, te tienes que ver sensual y cachonda. Que lo provoques. Acércate y dile: “Hola, cariño ¿Vas a querer un servicio, guapo? Hago francés, te doy masaje, te atiendo bien, hay besos, caricias. De todo”.  
 
La lección y los trucos para hacer que los hombres entren rápido en su ambiente, es lo que la mamá de Brenda le dijo cumplidos los 20 años. 
 
“Mi mamá me dice que me fije, que no me vaya con cualquiera, que vea las placas o el polarizado, que si tiene cara de lacra no me vaya tan noche”, dice la joven de 29 años mientras espera cliente en la esquina que, desde hace cuatro décadas, su mamá proclamó como suya. La misma en la que por convicción ahora trabaja Brenda.
 
Así como la belleza, el color de ojos, la piel e incluso el carácter, el oficio más antiguo es algo que también se hereda.
Brenda incluso afirma que “se nace o no para ser prostituta” y no cualquiera puede hacerlo. Afirma que hacer esto implica sentirte bien, cuidar tu cuerpo y sobretodo lidiar con el desgaste mental que este oficio conlleva: “Hay de todo, pero a veces viene mucho cabrón que está muy loco, que tienen traumas desde niños y pues uno la tiene que hacer de psicóloga. Además de darles tu cuerpo y tu atención, debes ser psicoterapeuta”. 
 
Cuenta que una vez llegó a la cama con un hombre que se dedicaba al narcotráfico. Al llegar al hotel, el cliente sacó el arma, la puso en el buró y le entregó cuerpo y confianza a la joven. Aunque al principio esto la impresionó, dice que lo primero que pensó fue en hacerle el mejor trabajo posible, sin dejarse intimidar.
 
 “Me pregunto cómo fue que esta persona cayó en mis manos y me sorprende cómo afuera es de una forma y aquí conmigo es de otra”. Como muchos otros, hablan en su desempeño laboral, ella dice que alquilarte bien y estar convencida, es tener “pasión por el trabajo”. 
 
Con una carrera corta de secretaria con computación y ocho años cumplidos como sexoservidora, la joven —con aretes grandes y olor a perfume— devela  el secreto que le dio su madre  para tener clientela.
 
Primero debe ser carismática, no ser corriente, ni tímida para que no se aprovechen de ti. Pero especialmente debes hacer bien lo que te toca: “Lo mío, lo mío es el francés. Todos me lo dicen. Aunque soy muy fina para hacerlo. La educación de una persona se ve hasta en la cama y yo soy una ‘señora sexoservidora’”.
 
A la pregunta de   si su mamá no se dedicara al trabajo sexual, ella hubiera escogido este camino, Brenda contesta con un silencio prolongado.
 
Mira a la calle, se levanta hacia un coche y justo antes de llegar a él sonríe: “Supongo que nunca lo sabremos”.
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