Una guerrera tapatía en Brooklin

17/06/2014 03:00 Elizabeth Palacios Actualizada 16:34
 

Un buen día, a Lorena le dio el síndrome del “no me hallo”. No era la primera vez que ocurría, pero ahora era mucho más fuerte. Así que anunció en sus redes sociales que haría una venta de garaje. Tuvo éxito y en pocos días vendió sus pertenencias, que no eran muchas pues el apego a las cosas materiales nunca ha sido lo suyo. Tomó sus maletas con lo básico, a su perro Max, y emprendió el camino a Nueva York, donde una nueva vida y el reto de delinearla le esperaban.

Abogada de profesión, pero viajera, derechohumanera y artista por vocación, Lorena Toyos estaba tomando las riendas de la vida que apenas había recuperado. Tras dos años de dolores, físicos y emocionales, Lorena ya no sólo quería ser una sobreviviente.

Es el mediodía del 30 de mayo de 2014, Lorena y Max recorren las calles de Brooklin para llegar a la galería donde por primera vez ella mostrará su nueva faceta de artista multidisciplinaria.

Su acta de nacimiento dice que este año cumplirá 40, sin embargo, para ella 2014 representa un renacer, pues el cáncer de mama al que venció, le dio la oportunidad de descubrir que podía reconstruir y delinear a la mujer que quería ser, a partir de la recuperación de su salud, física y emocional.

Fue una mañana de julio de 2011 que, por fortuna, hoy parece tan lejana. Lorena recibió un diagnóstico inesperado, sobre todo porque estaba a dos meses de cumplir apenas 37 años. De pronto, como un balde de agua fría, un médico le estaba anunciando que debía librar una batalla con su propio cuerpo, y ganarla.

El especialista no le dijo mucho más y eso es algo que debería cambiar —me dice Lorena— pues se sale de ahí sin tener idea de lo que se enfrentará después de la cirugía, de las consecuencias de todo lo que enfrentará el cuerpo.

Nacida en Guadalajara, Lorena vivía en la Ciudad de México. Aunque recibió la oferta de volver a su tierra, para ser cuidada en la casa materna, decidió que su vida debía continuar, por lo que optó por recibir tratamiento en la capital, y enfrentarlo sola.

La primera de sus pérdidas fue física. Una operación bastó para decir adiós a una de sus mamas. La cicatriz sólo era el recordatorio de que el camino apenas comenzaba, y sería largo. La segunda pérdida fue aún peor. Lorena estaba enamorada y para su pareja tener hijos era lo más importante. El médico le informó que uno de los efectos secundarios de la quimioterapia podría ser la esterilidad. El día que comenzó sus quimioterapias, él se fue. 

Cuando Lorena Toyos habla de aquellos días, aún se le quiebra la voz. Más cuando reconoce que el cáncer es causado por las emociones negativas de cada persona. Así, hoy casi podría afirmar que la enfermedad fue su mejor aliada, pues la obligó a adentrarse en su ser y buscar el origen del problema.

Nunca fue dada de alta de la quimioterapia. Una reacción alérgica fue la que le hizo decir basta. Optó por detener el tratamiento y buscar otras alternativas, tanto médicas como espirituales para buscar ese equilibrio que finalmente le devolvería la salud.

Cuando decidió regresar a Nueva York, donde ya había vivido un tiempo atrás, su primera intención era desarrollar un proyecto en torno a los derechos humanos de las personas migrantes, con el Consulado mexicano. No se concretó pero ella no se rindió. Si el cáncer no la venció, mucho menos lo haría el no tener trabajo en Nueva York.

La fotografía, el cine, la escultura, el diseño web, la producción multimedia y hasta el teatro ocupan hoy sus días. La mirada que disparan sus hermosos ojos negros tapatíos es brillante. Nadie podría pensar que Lorena Toyos, la artista, es sobreviviente del cáncer de mama. ¿La razón? Decidió que ella no iba a luchar tanto para simplemente sobrevivir. Una batalla tan ardua debía ser para poder vivir de verdad, y a partir de ahora, el año en el que cumplirá 40, hacerlo plenamente.

 

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