VIDAS CALLEJERAS

Óscar jamás se ha rendido y ha hecho de todo en su lucha por seguir adelante
Paola Ascencio
16/07/2014 - 03:00
Óscar Luis Muñoz se gana la vida vendiendo manitas para rascar la espalda. Sentando en una silla de ruedas “se las ha visto difícil”, pero a pesar de su discapacidad jamás ha perdido las ganas de trabajar.
 
Por cinco pesos, sus clientes, dice Óscar, se llevan un producto de buena calidad, con colores brillantes y  el mango de aluminio. 
 
La poliomielitis  dejó su huella en Óscar. Sus piernas cortas y torcidas por el virus, lo dejaron postrado en una silla de ruedas que por más de 30 años se ha convertido en su compañera callejera.
 
Desde los 13 años, este hombre  ha realizado diferentes oficios, donde se le ha dado la oportunidad “de acuerdo a sus capacidades”. Trabajó como herrero, también en la carpintería, y hasta pintó llantas de autos en la calle; sin embargo, fue la necesidad de obtener un “poquito” más de dinero lo que lo llevó a vender entre las calles del Centro.
 
"Sí me las veo difícil, duro, pero qué más puedo hacer que trabajar”, dice Óscar.
 
Son ya 22 años desde que este hombre se acomodó en la esquina de Moneda y Correo Mayor. En un principio, rondaba por las calles de la ciudad vendiendo chicles y paletas. Pero con las pequeñas piezas de plástico, en forma de manita, obtuvo mayores ganancias.
 
Su vida ha sido complicada desde que la enfermedad le arrebató la dicha de caminar. A sus 62 años, Óscar vive en la colonia Moctezuma y se traslada en Metrobús para llegar a la calle de Moneda.
 
“Es lo mismo la subida que la bajada. Ahora es más fácil con la rampa, pues cuando no había Metrobús, tenía que darle duro a la silla”, indica Óscar.
 
En los días en que no puede subirse al Metrobús, tarda una hora o más en el trayecto, y es que también tiene el ácido úrico alto en las manos, lo que le impide usarlas con toda su fuerza para impulsar las ruedas que lo mueven.
 
Para su fortuna, ha encontrado gente “acomedida”, como él les llama,  que lo ayudan en el trayecto de su casa hasta su actual lugar de trabajo. Para él, los vendedores ambulantes a su alrededor no han sido un problema, porque “a pesar de la envidia” indica que mientras no se meta con ellos, ellos no se meten con él. 
 
El problema lo ha encontrado en quienes abusan de su poder. En varias ocasiones, Óscar se ha visto en desventaja, pues asegura que algunos policías lo humillan e intentan despojarlo de sus pertenencias.
 
“Son quienes más me discriminan, me insultan y hasta me pegan. El otro día uno me intentó quitar mi celular”, señala Óscar mientras su rostro se entristece porque, dice, ellos están para proteger y no para robar. 
 
Óscar no tiene horario, pero siempre intenta llegar temprano para terminar pronto con su mercancía. Ser vendedor ambulante en su condición, le ha dejado sus buenas y malas experiencias. Pero a pesar de las dificultades, sigue con la misma energía y fuerza para seguir trabajando y vendiendo las manitas que le brindan el apoyo.
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