ASESINOS SERIALES

Bob era un cruel homicida que disfrutaba al documentar la tortura que infringía a sus víctimas
Ricardo Ham
16/01/2015 - 04:30
Bob jaló la pequeña cadena que encendía el foco, el color oxidado de la lámpara hacía juego con un tono rojizo que día a día era más espeso. Las toscas manos de Bob sostenían tranquilamente la jeringa, necesitaba ser muy exacto, no sobrepasarse en las cantidades que preparaba, solo un poco más que el día anterior;  la aguja dejó escapar una pequeña gota de insecticida, sería el tratamiento que le corresponde hoy a la víctima, la cámara Polaroid estaba lista para el riguroso registro fotográfico, para hacer funciones ocasionales de memoria. 
 
Bob Berdella se preparaba para inyectar una vez más a su torturado, para continuar los experimentos, para llevarlo al límite del dolor.Desde sus inicios como estudiante, Bob mostró una estrecha relación con los problemas, fue suspendido por venta de anfetaminas y posesión de LSD y marihuana. Llegó 1988 y los descuidos de Bob le pasaron factura, uno de sus “proyectos” escapó desnudo por la ventana, solo con un collar para perro le adornaba el cuello. 
 
Lo que en un principio los policías juzgaron como la clásica riña entre homosexuales se convirtió en la ventana que ventilaría una de las más grotescas y pervertidas personalidades del mundo de los asesinos seriales.
 
Durante el ingreso de la policía al domicilio de Berdella, cientos de fotografías polaroid saltaron a la vista, el registro de cada pequeño cambio, de cada momento de tortura, de cada dolor infringido; adornaban los muros de la guarida de Bob. 
Cadenas, esposas, collares y demás instrumentos de tortura complementaban el perverso juego de Bob, el desmembramiento era el punto que ponía final a la víctima en turno. 
 
Berdella fue un hombre muy sádico con características de psicópata sexual, con cada una de las víctimas experimentaba torturas más fuertes y cruentas, sin duda alguna se trataba de un asesino que necesitaba dominar completamente a la víctima, sodomizarla y convertirla en esclava sexual.
 
Los crímenes eran cometidos en su propio domicilio lo cual le daba cierta sensación de seguridad, pies  le permitía aumentar el nivel de violencia con cada víctima, a muchos les inyectó medicamentos veterinarios sin tener el más mínimo conocimiento de su uso. 
 
Berdella se caracterizó por el meticuloso registro fotográfico y escrito que llevaba de cada una de las víctimas, es evidente que veía a sus torturados como objetos, o incluso juguetes sexuales, que al dejar de ser útiles eran tirados a la basura.
 
Tras varios meses de queja por la falta de medicinas para sus males cardiacos, un infarto fue la mano ejecutora que  fin a la vida de Berdella en 1992.

 

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