La descuartizadora de la Colonia Roma

Una mujer forjó una macabra leyenda por los atroces crímenes que cometía en su casa de la colonia Roma en la década de 1940
Ricardo Ham
15/10/2015 - 23:12

La joven mujer tocaba con desesperación la puerta de madera, en brazos llevaba aquel pequeño fruto de su amor prohibido, nadie podía saber de su existencia; cada uno de sus llamados era más fuerte que el anterior, parecía que la ayuda que buscaba solo podría ser encontrada al interior de ese domicilio.

De pronto, por la mínima ranura de la puerta, se escapó un leve halo de luz acompañada de la fría mirada de la anfitriona, ya esperaba a la jovencita, sabía perfectamente por qué acudía a ella, sin decir una sola palabra tomó en sus brazos al bebé, se acomodó rápidamente para poder estirar su mano y recibir una suma de dinero por el trato, ya lo había hecho varias veces, su trabajo consistía en “borrar” los pecados y malos pasos de sus clientas. Lo que las descuidadas jóvenes ignoraban era la técnica de descuartizamiento que Felicitas Sánchez utilizaría con los niños, una cantidad incalculable de menores murieron y desaparecieron en manos de la descuartizadora de la colonia Roma.

La historia de Felicitas Sánchez Aguillón pareciera ser parte de una espantosa película de tintes gore, quizás no sea de conocimiento masivo debido a que las víctimas de la asesina en serie eran niños recién nacidos o de pocos meses de existencia.

No se conoce con exactitud la cantidad de bebés que pudieron sucumbir ante los cuchillos y demás técnicas de homicidio y desaparición de cuerpos que Felicitas practicaba, lo mismo le daba descuartizar y arrojar al sanitarios los restos de los cuerpos, que hervirlos en aceite o prenderlos con gasolina.

Durante los primeros años de la década de los 40, la comunidad de la colonia Roma se horrorizó al enterarse de que en los basureros y el desagüe estaban apareciendo diminutas extremidades cercenadas de cuerpos humanos, las investigaciones llegaron hasta el número 9 de la calle Salamanca, hogar y negocio de Felicitas Sánchez, quien los vecinos ubicaban como una vieja partera originaria de Veracruz con más de 15 años en el negocio de limpiar la honra de cuanta “señorita” solicitara sus servicios.

El modus vivendi de Felicitas consistió en un principio en la práctica de abortos que realizaba al interior de su propio domicilio, no fueron pocas las elegantes mujeres que, para limpiar su nombre con ayuda de la descuartizadora, acudieron a aquella clínica clandestina disfrazada de tienda con el nombre de “La Imperial”. Sánchez Aguillón confesó ante sus captores que no siempre los abortos eran suficientes, en varias ocasiones tuvo que apresurar los partos y estrangular con sus propias manos a los recién llegados al mundo.

El 11 de abril de 1941, el mítico detective José Acosta, mismo que participara en las pesquisas de Goyo Cárdenas, detuvo a Salvador Martínez Nieves, plomero y cómplice de la descuartizadora y el mismo día cayó la descuartizadora junto a su amante en turno, Alberto Covarrubias.

El juez Clemente Castellanos consignó a la asesina el 26 de abril de 1941, sin embargo, los delitos fueron considerados menores y logró la libertad bajo una fianza de 600 pesos. La vida en libertad de Felicitas no duró mucho, ella decidió suicidarse al ingerir un frasco de Nembutal.

 
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