LA BANQUETERA: Viaja con cada bocado

Angélica trajo a la Ciudad de México los suculentos sabores que gozó durante un viaje a Grecia
Paola Ascencio
15/05/2015 - 05:00
Cuando se prueba alguno de los platillos que se sirven en este lugar, los campos de berenjenas de Grecia se sienten en la punta de la lengua, los plantíos de los verdes olivos se disfrutan en el paladar y los rojizos atardeceres mediterráneos se aprecian entre cada porción llena de sabor. 
Así lo quiso Angélica Caly. Y es que esta mujer mexicana decidió convertir sus viejos recuerdos de mochilazo en Grecia en platos repletos de helénico sazón. Por eso, desde hace poco más de diez años “Palikári”, su diminuta fonda griega, ha cautivado a todo comensal que le ‘cae’ a andar entre calles chilangas.  
 
Aquí, los nombres de sus guisados te transportan a una ciudad que quizá nunca has visitado, pero que ya sientes que conoces. Cada uno  tiene una mágica y tradicional pronunciación que te transporta a este país mediterráneo con sólo mencionarlo, pero probarlo te hace viajar hacia  él.  
 
Mientras Angélica explica a cada cliente los ingredientes ocultos detrás de sus platillos del menú, la vibración de su música típica y los colores de la bandera griega  te envuelven en un cálido y hogareño folclore, que termina por abrazarte en una grata experiencia doméstica europea. 
 
Por eso, sus cocineras preparan durante toda la mañana los ricos guisos tradicionales, de secos, pero frescos sabores, que en cada mordida te cortejan hasta quedar enamorado de la cocina helénica. 
 
De su delicada, pero fuerte carta,  puedes escoger una Spanakopita, que te conquista con una crujiente empanada, preparada con una delgada pasta griega, que enfunda una calientita y deliciosa combinación de tres quesos derretidos, abrazados por brillantes espinacas y bañada con una gruesa capa de aderezo tradicional —cocinada con pepino, leche agria y hierbabuena—, no hay plato que describa mejor un apasionado y delirante sazón. 
 
O puedes irte por un Gyro, que con tiernos trozos de blando carnero cocido en su jugo, enrollado y cubierto por una cama de suave pan pita y colmado con cubos de rojizo e inflado jitomate —que parece haber sido recolectado unos minutos antes—, te seduce y te reafirma en cada bocado que pedirlo fue la mejor decisión que podías haber tomado, pues este plato transmite el verdadero romanticismo de la comida griega hogareña. 
 
Pero de todos los platillos, es su Plato Griego aquél que colorido, con porciones generosas  y aromas extraordinarios, te llena de pasiones discretas de su original sabor. 
 
Y puedes acompañar tus fascinantes antojos  mediterráneos con una rojiza y plácida copa de vino, para cautivarte con su arrebatado espesor. 

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