No me gusta la pareja de mi hijo | PADRES AL BORDE DE UN ATAQUE

Redacción
14/12/2015 - 09:21

Por Irma Gallo

Soñamos con que nuestro adolescente empate con alguien virtuoso, pero hay que respetar su elección y ofrecer consejo si detectamos ‘focos rojos’

Decía John Locke que los niños son viajeros recién llegados a un extraño país del cual no saben nada. ¡Imagínense entonces qué será la adolescencia! Para los psicólogos Paulino Castells y Tomás J. Silber, autores de ‘Guía práctica de la salud y psicología del adolescente’, esta edad es ‘una interrupción de la tranquilidad del crecimiento, es el final de la feliz infancia’. También afirman que ‘la entrada en la etapa adolescente es como la vivencia de la gran soledad’.

En la segunda columna de Padres al borde de un ataque, en octubre, hablamos de lo que implica criar a un adolescente; incluso la titulamos “El monstruo en casa”. Así que esta vez no repetiremos lo que escribimos antes, pero sí nos vamos a centrar en algo que si no sabemos manejar adecuadamente, se puede convertir en una fuente inacabable de conflictos con [email protected] [email protected] (y que tiene que ver con la segunda definición de estos psicólogos, la de la soledad): cuando no nos gusta el novio o la novia que eligen. 

Primero hay que analizar ¿por qué me cae mal? 

Es un error ver a la pareja de [email protected] [email protected] adolescentes como alguien contra quien hay que competir. Primero, porque se trata de algo que puede ser pasajero, mientras que nosotros seremos sus padres por el resto de nuestras (y sus) vidas. Segundo, porque es otro tipo de cariño, en el que juega un papel importante la paridad de edades, intereses, gustos, los amigos en común, etcétera.

También estamos mal si no nos gusta porque “no corresponde” a lo que habíamos soñado para [email protected] Hay que tener en cuenta que nosotros no tenemos por qué decidir con quién inician una relación amorosa (siempre y cuando no haya señales de alerta, como veremos más adelante).

Una vez que asumimos esto, entonces sí podremos determinar si está justificada esa desconfianza que él o ella nos provoca. Ahí te van algunos tips para que te des cuenta de si estás o no, exagerando. 

CUIDADO SI...

1. Le dice a tu [email protected] cómo vestir, cómo hablar, con quién salir y, quizá más importante, con quién no. ([email protected] empieza a aislar de su familia y de otras amistades).

2. “Jugando” le jala el pelo, le da “zapes”, pellizcos o cualquier otro tipo de contacto físico no cariñoso, ni amoroso, que le hace sentir mal. 

3. ALERTA ROJA: Le induce a tomar alcohol, fumar, consumir drogas o a cometer “pequeñas” faltas, como robar cosas “insignificantes” (chicles, cigarros o dulces) o tomar “prestado” el carro de la familia sin permiso, porque esto puede escalar hasta convertirse en delitos mayores. 

¡DE REGALO!

Escríbeme a [email protected] y cuéntame alguna anécdota sobre tu relación con tu [email protected] adolescente. Los tres primeros correos se llevarán de regalo un ejemplar de ‘Los hijos tiranos’, de Vicente Garrido Genovés, cortesía de Editorial Planeta. 

¿Y QUÉ HAGO?

1. Si empiezas por prohibirle salir con el o la [email protected] en cuestión, vas a perder. El autoritarismo no funciona con [email protected] adolescentes; [email protected] hará cerrarse por completo y los incitará a hacer aquello que les estás prohibiendo.

2. Comparte un momento a solas con el (la) [email protected] de tu [email protected] Conó[email protected] por ti mismo; sin hacerle un interrogatorio que parezca de policía, averigua quiénes son sus padres, por dónde vive, qué le gusta hacer en su tiempo libre.

3. Habla con tus [email protected] frente a frente: dales tu opinión respetuosamente, trá[email protected] como personas que ya se pueden hacer cargo de sus vidas, diles que la violencia en la pareja empieza desde las cosas más simples y que quien te quiere no te obliga a hacer cosas que te dañan o te hacen sentir mal.

4. Diles que siempre, pase lo que pase, contarán contigo para todo. Que en ti encontrarán un hombro en el cual recargarse, un regazo en el cual llorar, unos brazos abiertos, en las buenas y en las malas. 

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