ASESINOS SERIALES: El artista macabro

Danny tenía una fijación que lo orillaba a dejar a sus víctimas en posiciones poco ortodoxas
Ricardo Ham
14/08/2015 - 05:00
Por: Ricardo Ham
 
Danny se encontraba muy cansado, el esfuerzo había sido extenuante, antes de irse volvió la mirada, observaba  atentamente la habitación  como quien aprecia una obra maestra, sentía que le faltaba algo  al cuadro, no conseguía sentirse a gusto con lo que sus ojos presenciaban. 
 
En su cabeza repasaba varias veces lo que había iniciado como una mera imagen mental, como una idea que siempre quiso volver realidad;  parecía que todo estaba ahí: los colores, la luz,  el desorden, incluso un halo de soledad vestía la habitación.
 
De pronto, Danny decidió corregir algunas cosas, quizás la cabeza de la víctima luciría más sobre el librero, el cuerpo debía permanecer sobre la cama, tal vez exageró con la sangre que aún chorreaba por los muros, probablemente los pezones ensangrentados lucirían si se reflejaran en el espejo roto. 
 
Danny Rolling hizo múltiples cambios pero no consiguió quedar satisfecho, los ruidos lo hicieron salir apresurado, inevitablemente tendría que buscar otro lienzo, la habitación de otra víctima donde pudiera seguir practicando su retorcido arte. 
 
ESTAMPAS  DE MUERTE. La noche del 26 de agosto de 1990, fueron encontrados los cuerpos sin vida de Sonja Larson, de 18 años y Christina Powell, de 17, ambos cadáveres aparecieron mutilados y colocados en posiciones poco convencionales, lo que mostraba que el agresor se había tomado su tiempo para hacer que los restos de las dos jovencitas “posaran” como si fuesen una macabra postal.
 
No pasó mucho tiempo, ni siquiera 24 horas, para que en la pequeña localidad de Gainesville, Florida, se hallara el cuerpo sin vida de Christa Hoyt, de 18 años, con un corte realizado con un chuchillo que superaba los 12 centímetros y una posición corporal inexplicable para los investigadores.
 
Al tercer día parecieron dos cuerpos más, el terror corrió como reguero de pólvora por todo el estado de Florida, los recuerdos de un anterior asesino en serie en la zona se remontaban al impactante caso de Ted Bundy, sin duda uno de los homicidas más impactantes en la historia de los Estados Unidos.
 
La presión popular hizo que la policía se movilizara rápidamente, dos semanas después del primer homicidio, una muestra de ADN llevó a la captura de Danny Rolling, un ex convicto con antecedentes de ataque a mano armada y vouyerismo.
 
Danny era hijo de un ex policía que lo martirizó durante su infancia, a tal grado llegó el resentimiento de Rolling que una vez llegada su vida adulta, no dudó en ajustar las cuentas con su propio padre a quien propinó una severa golpiza.
 
CONFESIÓN INESPERADA. Durante un interrogatorio rutinario por asalto a local comercial, Danny confesó los homicidios de las jovencitas y un triple asesinato más, el de una familia completa. 
 
Pero Danny quiso ir más allá, en su defensa inventó una doble personalidad a quien adjudicó la autoría de sus 8 homicidios.
 
Danny Rolling fue juzgado y condenado a morir a los por el homicidio y mutilación de sus víctimas, el día final llegó el 25 de octubre de 2006, sin mostrar nunca el menor remordimiento, Danny espero pacientemente la hora de la inyección letal, tenía 52 años cumplidos, más de una docena de ellos los vivió en la prisión estatal de Starke, en el norte de Florida, mismo sitio donde se encontró con la muerte, Danny Rolling decidió morir cantando mientras se le aplicaba el último pinchazo.
 
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