Utopías y ladridos que transforman vidas

“Los perros me rescataron a mí. Me dieron una razón para luchar y encontrar mi camino”.
Elizabeth Palacios
14/07/2014 - 23:24

Bien lo dice Eduardo Galeano, la utopía sirve para caminar. Y pasos firmes son los que dio Abril Valdez hace ya tres años cuando, aún siendo estudiante de medicina del Instituto Politécnico Nacional (IPN), decidió enfrentar a todo un sistema educativo obsoleto que la obligaba, al igual que al resto de los estudiantes de su carrera, a realizar prácticas con procedimientos crueles en perros vivos. Abril Valdez no estaba sola, Angélica Alcántara también estudiaba medicina y decidió denunciar lo que no sólo era un grave e histórico caso de maltrato animal, también era el resultado de una red de corrupción interna que engordaba los bolsillos de algunos trabajadores y académicos del área de cirugía de dicha escuela.

LUCHA EN SOLITARIO

Este no fue un movimiento masivo. Muchos de sus compañeros las tacharon de fanáticas, las aislaron. Algunos profesores las acosaron y las etiquetaron como traidoras y malagradecidas con el alma mater politécnica. Nada las detuvo. Se asesoraron, se acercaron con autoridades, legisladores e interpusieron una demanda formal para que el IPN erradicara las prácticas con animales, en particular las cirugías en perros que hace más de 30 años fueron eliminadas de programas de estudios de las universidades más prestigiosas del mundo y del país, entre ellas, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Hoy, eso que parecía la lucha en solitario de dos chicas veinteañeras tiene frutos concretos. El primero no sólo fue la erradicación de dichas prácticas de maltrato animal a partir del año pasado y el despido de los trabajadores corruptos de la Escuela Superior de Medicina del IPN, sino la existencia misma de la Ley de Protección a los Animales del DF, gracias a que las chicas atinadamente se acercaron con legisladores. El segundo fue el nacimiento de un proyecto que, actualmente, compite por el Premio de la Juventud del DF: el Mestizo Parade.

Los ojos grandes de Abril brillan y transmiten entusiasmo cuando habla. Me cuenta que una mañana despertó con la clara imagen que tuvo en sueños: su perro vestido para una pasarela. Un chihuahua fashionista. Ahí, de un sueño, nació la idea de hacer un desfile, con modelos profesionales, marcas de ropa y patrocinadores de alto nivel para promover la adopción de perros callejeros que se encontraban en albergues.

Apenas hace un mes se llevó a cabo el tercero de estos desfiles reuniendo 700 kilos de croquetas que la semana pasada fueron donadas al albergue Mi Dulce Engie, ubicado en el Estado de México y que brinda refugio y cuidados a 120 perros y 30 gatos, la mayoría en condiciones extremas, resultado del maltrato y el abandono del que fueron rescatados.

Para Abril la mayor satisfacción es que varios de los perros que desfilaron han sido adoptados y que ya no sólo se trata de reunir croquetas. Algunas marcas de alimento para mascotas y otros patrocinadores, se han involucrado a tal grado con el proyecto que incluso se han comprometido a hacer donaciones constantes en especie y en efectivo para los albergues que han participado en el Mestizo Parade.

Sin lastimar a ningún perro, Abril logró terminar su carrera de medicina en el Instituto Politécnico Nacional y pronto será dermatóloga. No quiere ser cirujana y reconoce que la experiencia de descubrir el maltrato que estaba detrás de las prácticas de cirugía en su escuela sí influyó su elección de especialidad. Tuvo que pelear para defender sus convicciones. Abril y Angélica sólo querían ser coherentes con el legado de Hipócrates pues para ellas, el ejercicio ético de la medicina está directamente vinculado con la protección de la vida, en todas sus formas.

ACTIVISTA DE LOS DERECHOS DE ANIMALES

Lo que parecía una utopía; lo que provocó burlas y rechazo de sus compañeros y maestros; lo que generó las rechiflas y cuchicheos el día de la entrega de los diplomas al final de su formación como médico general, hoy se ha transformado en el impulso para una nueva ley de protección animal, un proyecto altruista que salva y cambia la vida tanto de perros rescatados como de las personas que deciden adoptarlos y, sobre todo, en una nueva mujer que ejerce la medicina y la combina con el activismo por los derechos de animales, con la frente en alto. Bien lo dice Galeano, a Abril la utopía le enseñó a caminar, y hoy más que nunca aplica la frase de Cervantes: “Dejad que los perros ladren, es señal de que vamos avanzando”.

 

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