NUESTRO OFICIO

Desde que era pequeño Álvaro decidió que dedicaría su vida a la música, primero estudió en el Conservatorio y con el tiempo se convirtió un maestro en el arte de fabricar instrumentos
Ximena García
14/04/2015 - 22:52
Cuando Álvaro León estudiaba la primaria en Valle de Bravo, su maestra de quinto grado les llevó al salón de clases a un grupo de adolescentes de secundaria, quienes con instrumentos interpretaron algunas canciones. 
 
Esa experiencia marcó el destino de aquel niño de 11 años, quien decidió desde entonces que se dedicaría a la música.
Al poco tiempo, Álvaro se dio cuenta que debía ir  a la capital del estado de México para  estudiar música y seguir su sueño, pero su humilde origen casi truncó su objetivo.
 
LUCHADOR. Álvaro era el mayor de 10 hermanos y él estaba destinado a no llegar a la secundaria; sin embargo, su perseverancia lo llevó a Toluca, a inscribirse en la Escuela de Bellas Artes, en el Conservatorio de Música, donde pudo realizar su más grande anhelo, ser un violonchelista.
 
Después de esto, su meta fue dificultada por la falta de oportunidades en los cerrados círculos de las orquestas, por  lo que cambió sus planes.
 
ALTERNATIVA. Apartándose un poco de la interpretación de la música, Álvaro decidió incursionar en otra forma de arte, con la creación de instrumentos.
 
“Me di cuenta de que tengo destreza en las manos y decidí estudiar la carrera de laudería”, comenta Álvaro mientras mira sus obras, pedazos de madera a punto de ser transformados en un instrumento.
 
El oficio lo aprendió en varios lugares, en el Conservatorio del estado tuvo la oportunidad de estudiar la carrera, pero la técnica que hoy lo distingue la adquirió al trabajar con varios lauderos.
 
“La mejor manera de estar calificado es a través del cliente,  vienen una, dos, tres, cuatro veces y eso hace reputación”, dice.
Su especialidad son los violines, los cuales le apasionan por su vocación de violonchelista.
 
SU PREFERIDO. Álvaro asegura que un violín es cinco veces más difícil de construir y tocar  que una guitarra.
 
 “Mil músicos quieren tocar guitarra, 100 el violín y 300 el piano, pero de los mil que desean ser guitarristas solamente acaban de aprender 600,  30 se volverán pianistas y sólo cinco se dedicarán al violín porque el nivel de trabajo y exigencia es mucho mayor”, dijo.
 
Álvaro lleva ya 20 años como laudero y en ese lapso aprendió a fabricar; no obstante también domina el arte de la reconstrucción de instrumentos.
 
DEJARÁ LEGADO. Otra de sus satisfacciones más grandes es poder pasar su conocimiento de manera gratuita, pues cuando puede, le enseña a los jóvenes a los que les ve talento, pues considera que el oficio es algo precioso que debe ser compartido con quienes están interesados.
 
Para Álvaro es importante dejar este legado para las futuras generaciones y que los artistas mexicanos sigan con esta noble labor que es reconocida en muchos lugares del mundo.
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