Cronista de pasos

El proyecto Úumbal, dirigido por Mariana Arteaga, es una coreografía masiva que revelará en las calles los ritmos chilangos
Elizabeth Palacios
13/07/2015 - 03:00

Todos alguna vez hemos donado algo. Tal vez sangre, ropa, zapatos, dinero pero, ¿se te había ocurrido que podías donar pasos de baile? Pues eso es posible y más de 50 personas ya lo han hecho, integrando así la “pasoteca”, es decir un acervo dancístico colectivo que será el punto de partida para la creación de un movimiento coreográfico que se apropie de las calles de la ciudad.

Mariana Arteaga, coreógrafa y comunicadora social está al frente de Úumba, un proyecto de baile masivo que estará formada por esos pasos que definen la forma de bailar de los habitantes de nuestra urbe.

Danzón pasando por hip-hop.  No es la primera vez que Mariana  dirige proyectos de danza en colectivo; sin embargo, sí será la primera vez que el resultado será nómada, es decir, un nutrido y diverso grupo de habitantes saldrá a la calle y poco a poco transformará sus pasos cotidianos de peatón en  movimientos y pasos de baile que lo mismo fueron donados por adultos amantes del danzón, que por jóvenes que bailan pop, hip-hop, salsa y hasta un niño de ocho años fanático de los movimientos que ha visto en los videos del cantante Bruno Mars.

Pero más allá de lo festivo y enriquecedor que será ser testigo de la presentación de esta coreografía masiva que revele los pasos chilangos el próximo mes de noviembre, el proceso mismo de creación es lo que Mariana define como un ejercicio de encuentro primero, con tu propio cuerpo y luego, con un cuerpo en colectivo puesto que en este proceso la gente busca recuperar e incorporar a nivel social, la creación de espacios colectivos pero no basados en el consumo.

Mariana luce emocionada porque está convencida de que el baile es una muestra de la infinita capacidad del cuerpo humano, pero también un camino poco explorado para la construcción de ciudadanía. 

Úumbal es entonces, un proyecto de arte, pero también es un acto político pues la libertad de bailar y moverse se ha ceñido a espacios cerrados, incluso íntimos, lo que le otorga al gozo en espacios abiertos y libres, un espíritu completamente transgresor de expresión ciudadana.

Mariana ha descubierto con este proyecto que existen otras formas de habitar el espacio público y de que cada persona encuentre su propio lugar en una ciudad que a veces te abraza y muchas otras te escupe al rostro.

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