¡Clarketazo!

El tiempo pasó volando y hoy estamos a unos días de que la gran final de la Copa del Mundo sea disputada
Mauricio Clark
11/07/2014 - 05:00

 

¡Nos vamos del Mundial, nos vamos del Mundial!

Bien dice el dicho que no hay fecha que no llegue, ni plazo que no se cumpla (a excepción de la niñez de Chabelo que no tiene caducidad). Hoy comenzamos a hacer maletas para despedirnos de un país que nos recibió con los brazos abiertos y nos brindó grandes enseñanzas más allá del plano turístico.

Se prepara la gran final en el histórico Maracaná. Argentina y Alemania volverán a hacer historia por tercera ocasión y después de 24 años se volverán a enfrentar.

Las calles de Río de Janeiro se encuentran totalmente vacías de oriundos (y no es para menos después de un 7-1 que bien pudo haber sido marcador de beisbol) y son suplidos por argentinos que hacen las veces de cariocas. El espíritu alegre se encuentra solamente en los albicelestes y es entre lamentos y melancolías que escuchamos historias como la de Roberto, nuestro amigo de los jugos (aquí conocidos como sucos) que nos comparte que su máximo sueño era poder ver a la selección verde amarela ganar la Copa del Mundo en su propia casa.

Para Brasil, el Mundial ya terminó. Su única opción ahora es volverse, como nosotros los mexicanos, unos espectadores más que nos preparamos para deleitarnos con una final que pinta para estar muy buena.

Uno a uno, cada equipo fue lentamente despedido de esta copa. Muchos nos quedamos con el amargo sabor de una derrota inesperada y nos volvemos a encontrar con nuestro viejo conocido: el “ya merito”. Otros se van sabiendo que un penal decidió su paso a la siguiente ronda. Todo forma parte del mismo juego.

El sueño del Mundial está terminando y una cruda realidad está llegando de golpe a todos los cariocas. Lo que hace mes y medio fueron banderas, porras y batucadas, hoy son reemplazados por deudas, inflación e impuestos. Un país que tardará muchos años en estabilizarse económicamente tras una inversión de más de 13 mil mdd y con unos Juegos Olímpicos en puerta. Definitivamente los sueños no son para siempre. 

Mi realidad difiere mucho de los 80 mil afortunados que presenciaran este clásico mundialista. Me queda claro que yo no tengo la solvencia de algunos que llegaron a pagar hasta 3 mil dólares por un boleto. Ese sueño aún esta muy lejos de mis posibilidades.

Nos vamos agradecidos con una cultura que nos sorprendió en cada esquina, con una comida deliciosa, unos paisajes de postal y muchos corazones que compartieron nuestras alegrías y nuestras derrotas.

Esperamos con ansias la gran final donde todos sabemos que seremos testigos atentos de un episodio histórico del que, a la vez, estamos siendo parte.

Gracias, muchas gracias Brasil. Muito obrigada Río de Janeiro.

 

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